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La Arepa Andina: una variante de la arepa tradicional venezolana

 

        

 

 

La arepa andina o arepa de trigo es una variante de la arepa. Es conocida y elaborada en los estados andinos de Táchira, Mérida y Trujillo. Para su preparación se utiliza harina de trigo, un poco de leche, huevos, mantequilla, sal y azúcar al gusto (algunas variantes reemplazan el azúcar por papelón o panela de caña). Se debe dar forma a la arepa y cocinarla en una plancha o budare por lado y lado hasta que se doren y se abomben un poco. El tamaño debe ser igual al de una mano abierta.

 

Su origen se puede ver influenciado en que durante la época colonial la zona andina era la única que producía trigo, a diferencia del resto del país, donde el cultivo más importante y autóctono era el maíz. El cultivo se hacía específicamente en el estado Mérida.

 

El trigo fue asentado en América con la llegada de los colonizadores, intentando subsistir en las islas de Centro América y en el Continente tropical, cuyo rendimiento fue desalentador, salvo en los Andes venezolanos y precisamente en los páramos merideños donde se llegó a producir para su consumo, llegando a ser el primer producto de exportación hacia las provincias vecinas.

 

En relación con los molinos vale destacar que los aborígenes ya utilizaban los molinos de mano o piedras de moler. Seguidamente, luego del establecimiento del cultivo de trigo en la zona y de la subsecuente popularización de los molinos hidráulicos, la Provincia de Mérida, en sus páramos andinos, se convirtió para el período colonial en un territorio productor de harina de trigo.

 

Luego en el período republicano el trigo mantuvo su importancia y en este periodo se instalaron mas molinos, algunos de estos con equipos más modernos, en donde la energía hidráulica no solo movía las piedras, sino también a un número de máquinas que cumplían la labor de limpiar el grano, transportarlo, molerlo y tamizarlo, generando harinas de diferentes calidades. Es a partir de 1930 que el trigo va perdiendo importancia por su alto coste de producción. Se decía que la harina importada “era de mejor calidad” y con el transcurrir de los años el decaimiento del cultivo se agudizó hasta el punto de que hoy en día se siembran unos pequeños lotes.

 

En las riberas y afluentes del río Chama se instalaron los molinos hidráulicos. De los molinos existentes en pleno auge de producción triguera hoy solo quedan unos cuántos en pie, otros demolidos y de algunos solo quedan ruinas, evidenciando así el lamentable deterioro de estos ingenios que son parte de la cultura del habitante de los andes venezolanos.

 

En los Andes la comida de Bolívar era papa y arepa de trigo. La arepa andina la debió comer durante su paso por los Andes en la Campaña Admirable. Después de la batalla de Niquitao en 1813, se dirigió El Libertador a Mérida donde permaneció  durante 18 días, saliendo luego hacia Mucuchíes. En su paso por el páramo de Mucuchíes, concretamente en Moconoque, en una casa que estaba a 6 Km de la Villa de Mucuchíes, el señor Vicente Pino le regaló al Libertador un hermoso perro. Dice la historia que era negro como el azabache, las orejas, el lomo y la cola blancos, lo que hacía recordar la cresta nevada de los páramos andinos.

 

En el pueblo de los Aleros, un parque temático creado por Alexis Montilla en 1984 para representar un típico pueblo andino de la década de los 30 del siglo XX, hay uno de los pocos molinos de piedra movidos por la fuerza del agua que quedan funcionando en Venezuela. Aquí el trigo es molido y convertido en harina para la elaboración, en fogón de leña, de las famosas arepas andinas de trigo.

 

Entre mis mejores recuerdos queda haber comido las mejores arepas andinas en dos sitios, dos pequeños restaurantes de paso, de obligada parada para los viajeros y visitantes del Páramo merideño. Uno de estos sitios es (o fue) un pequeño restaurante ubicado al lado de la mágica laguna de Mucubají. Un lago de origen glaciar que se encuentra a más de 3000 metros de altitud de una belleza enigmática. Allí se servían unas arepas con su grosor y su sabor ideal, acompañadas por la natilla, una crema suave y untuosa, única, especial, que sólo se podía encontrar en ese establecimiento cercano a la fría laguna. Cómo anécdota puedo contar que cuando estudiaba bachillerato en Mérida, había un chico en el mismo salón que se apellidaba Sánchez igual que yo. Éramos los dos únicos Sánchez de aquella clase. Para sorpresa mía, un día que iba con mi familia al restaurante de Mucubají a comer las famosas arepas con su natilla, me encontré despachando detrás de la barra a ese chico apellidado Sánchez que estudiaba conmigo. Que casualidades te ofrece la vida. Supe entonces que su padre era el dueño de aquel restaurante y de algún otro en aquel páramo andino. Desde entonces siempre que íbamos a Mucubají estaba él, que nos atendía de mil maravillas y nos servía las mejores arepas con natilla. Tal vez siga ahí, despachando y atendiendo a propios y extraños que entran a su pequeño pero gran restaurante.

 

Otro lugar donde se comían las arepas andinas era el pequeño restaurante con su gasolinera llamado La Matica de la Rosa, situado en Apartaderos, el punto en que se empieza a bajar el Páramo, cómo despidiendo las alturas. Se comían unas arepas rellenas de jamón y queso acompañadas por un reconfortante chocolate caliente para entrar en calor.  Me gustaban más las arepas andinas con la natilla de Mucubají, pero el chocolate de la Matica de la Rosa era lo máximo para coger energía y seguir el trayecto. De ahí recuerdo historias contadas  bastante luctuosas ocurridas hace unas décadas relacionadas con su dueño, que había organizado en su local una fiesta que terminó en horrorl. Allí entraron unos provocadores, tal vez sus enemigos, con machetes, buscando pelea. El dueño, sin más miramiento, asestó un tiro con su revólver y mató a uno de los hombres. Estuvo preso y representó la desdicha para su hija, conocida de mi prima, que le contaba que estaba muy afectada por este hecho. Al poco tiempo su padre salió de la cárcel alegando que todo había sido en defensa propia. Aquel acontecimiento representaba el caciquismo que aún reinaba en aquellas frías tierras, el ajuste de cuentas por deudas que se saldaba a punta de pistola.

 

Este hecho que fue un crimen sonado por aquellos páramos helados no enturbió la existencia de éste lugar que siguió ofreciendo sus arepas rellenas con chocolate caliente.

 

No sé si estos lugares de siempre para comerse unas buenas arepas andinas existen o no en la actualidad, pero lo que sí sé es que formaron parte de una época. En mi niñez y juventud eran sitios habituales de parada cuando iba con mis padres y mi hermano, o con el resto de la familia (tíos y primos) a visitar algún domingo el Páramo o para hacer una parada en el camino en nuestro viaje desde Mérida a Barquisimeto o Caracas, así como también en el viaje de regreso.

 

Gracias a la ayuda de la IA he podido conseguir una receta casera de la natilla que transcribo a continuación. Seguramente no sea igual a la natilla del Páramo merideño, pero algo lograremos si sabemos cocinar.

 

🥣 Natilla andina para arepas

Ingredientes (4 porciones aprox.)

  • 2 tazas de leche entera
  • 2 cucharadas de harina de trigo (algunos usan maicena, pero la de trigo le da más sabor casero)
  • 1 cucharada de mantequilla
  • ½ taza de queso blanco rallado (tipo queso campesino o de páramo, fresco y salado)
  • Sal al gusto
  • (Opcional) una pizca de nuez moscada o pimienta blanca

 

Preparación

1.    Disolver la harina

o    En media taza de leche fría, disuelve la harina de trigo hasta que no queden grumos.

2.    Calentar la leche

o    En una olla pequeña, calienta el resto de la leche a fuego medio.

3.    Espesar

o    Agrega la mezcla de harina a la leche caliente sin dejar de revolver.

o    Cocina lentamente hasta que empiece a espesar, con textura parecida a una crema.

4.    Agregar mantequilla y queso

o    Añade la mantequilla y el queso rallado.

o    Revuelve bien hasta que el queso se derrita e integre, formando una crema espesa.

5.    Ajustar sabor

o    Agrega sal al gusto.

o    Si te gusta más cremosa, añade un chorrito extra de leche; si prefieres más espesa, cocina un poquito más.


 

 

 

Arepa Andina con Natilla

 

Simón Bolívar comiendo arepa andina y natilla acompañado de su perro -Paso por Mérida en su Campaña Admirable         

 

Museo del Trigo Molino Viejo en Cacute (Estado Mérida)-  

 

Museo del Trigo Molino Viejo en Cacute (Estado Mérida)-Antiguo molino hidráulico 

 

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