Ir al contenido principal

Historias de Mujeres: Josefa Camejo, entre la libertad y el feminismo

 

En mi memoria quedan los viajes a Coro, la ciudad más antigua de Venezuela. Allí quedaron sus casas coloniales y sus calles empedradas evocando otras épocas. Muy cerca de allí, los Médanos de Coro, un pequeño Desierto del Sahara, con dunas de arena, con viento, con ondulaciones. Y más al norte, si lo miramos en un mapa, sobre la larga costa caribeña venezolana, aparece una especie de cuello delgado con una especie de cabeza al imaginarlo de ese modo. Esa cabeza que sobresale es la llamada Península de Paraguaná y ese cuello es el Istmo de Paraguaná que une la costa con la península.

 

Recuerdo esos paisajes de Paraguaná semidesérticos, con cardones, cujíes y tunas, y esa carretera por donde transitaba con mi familia entre esos hermosos e interminables paisajes que no parecían ser de esta tierra. Daba la impresión que nunca ibas a llegar a tu destino que eran las playas de Adícora, pero al final llegabas para bañarte al caer la tarde en sus fabulosas aguas, con sus olas suaves que hacían sentir la calidez del Mar Caribe.

En ese trayecto, atravesando el istmo para llegar casi al norte de la península en donde estaba la playa, a los lados de la carretera, se veían burros, que habían quedado allí salvajes, abandonados a su suerte por años y años en que otrora fueron útiles para transportar mercancías de contrabando que provenían de las islas de Curazao y Aruba y que compraban las familias pudientes de la ciudad de Coro para sus casas coloniales. Imagino que eran cortinas, trajes, adornos, muebles, alimentos y mucho más. Era la primera vez que yo veía un burro, tan cerca,  que me miraba con las orejas levantadas, observándome curioso, preguntándose por qué aquella niña en mitad de la nada, se bajaba del automóvil de sus padres para mirarlo emocionada.

Al regresar a Coro y atravesar el istmo, esa especie de cuello largo y estrecho que sustentaba la cabeza peninsular, se nos presentaba a ambos lados de la carretera ya no los burros, pero sí el mar a izquierda y derecha de nuestro vehículo, un hermoso paisaje casi irreal.

 

Aquellos burros que vi y que seguramente ya no están en la actualidad porque no los han protegido, sí que los llegó a ver y en mayor cantidad, transportando todo tipo de mercancías, una mujer llamada Josefa Camejo, también conocida como “La Camejo”, que nació y vivió en un hato de la Península de Paraguaná en la época de las Guerras de Independencia de Venezuela. Las ideas independentistas se las inculcaba un tío sacerdote que la iba a visitar frecuentemente a su casa. Siendo muy joven la envían a estudiar a un convento de Caracas y desde las celosías del monasterio presencia los sucesos del 19 de abril de 1810 que se suceden por las calles de la ciudad en que se dan los primeros pasos de la Independencia venezolana. Pretende siempre escapar de su encierro para participar en aquellos aconteceres. Más tarde se traslada a vivir a la ciudad de Barinas con su madre. Para ese momento la ofensiva realista era muy fuerte y Josefa alentada por su tío sacerdote reúne un ejército de mujeres  para la lucha armada junto a los patriotas. La petición para que las mujeres formen parte del ejercito queda plasmada en un documento:

«El sexo femenino, Señor Gobernador, no teme los horrores de la guerra, antes bien, el estallido del cañón no hará más que alentar, su fuego encenderá el deseo de libertad, que sostendrá a toda costa en obsequio del suelo patrio […]».

Josefa Camejo y otras mujeres fueron firmantes  del Documento de Representación de Damas Barinesas

 

El ejército español toma Barinas y Josefa Camejo organiza la retirada vestida de hombre ayudando con los heridos, cocinando alimentos, haciendo guardias y acarreando agua, Primero se dirigen hacia el centro del país y luego bajo las órdenes del General Rafael Urdaneta huyen hacia la Nueva Granada, la actual Colombia. En el trayecto muere su madre al atravesar el río Santo Domingo en Barinas. Me viene a la memoria que este río es muy caudaloso y con muchas piedras, para recordar que en mi infancia nos dejaban jugar a los niños y niñas de la familia en sus orillas, subirnos y bajarnos a las piedras grandes y tirar pequeñas piedrecitas a sus rápidas aguas sin advertir el peligro que podíamos tener si nos caíamos al agua. La verdad es que éramos unos niños valientes y nuestros padres también.

Josefa Camejo se había casado en Venezuela con Juan Nepomuceno Briceño Méndez, hermano de Pedro Briceño Méndez, secretario de confianza de Simón Bolívar. En Bogotá tuvo a su hijo y permaneció allí durante cuatro años, tras los cuales volvió a Venezuela vestida de mendiga para despistar al ejército español. Vuelve a su hato de Paraguaná donde permanece otros tres años preparando la conspiración, carteándose con los patriotas, En mayo de 1821  reúne caballos, hombres y pertrechos, acompañada de los esclavos de sus tierras para atacar al ejército realista. Con tres trozos de tela elabora el tricolor nacional amarillo, azul y rojo, emulando a la bandera que trajo el Precursor de la Independencia Francisco de Miranda años atrás muy cerca de la ciudad de Coro. Un teniente le dice a Josefa que no es conveniente atacar, a lo que ella contesta “Si no procede usted, procedo yo”, y así lo hizo logrando la independencia de la Provincia de Coro, que significó un gran aliciente para un mes después librar la Batalla de Carabobo que sería crucial para terminar el proceso independentista  venezolano.

 

Los gritos de “La Camejo”  proclamando “Viva la Patria” se escucharon por toda Paraguaná y hasta los burritos que transportaban mercancías escucharon el clamor de libertad de la heroína venezolana.

 

Muchos historiadores han querido dar un enfoque feminista al estudio de la participación de la mujer en el proceso independentista venezolano, porque hay fuentes que nos indican que muchas mujeres participaron en política, colaboraron en conspiraciones, organizaron reuniones, sirviendo como correos, tomaron las armas para participar en batallas, curaron a los heridos, cocinaron para la tropa, hicieron guardias y en definitiva fueron valientes y muy inteligentes en todas las acciones que realizaban.

 

Josefa Camejo fue una mujer que con su valentía y su tesón definió la independencia de la zona donde había nacido, la Provincia de Coro, una zona reacia a los nuevos aires de libertad, que sirvió de precedente a la Batalla de Carabobo que fue decisiva para que Venezuela obtuviera la independencia de España.

Aquel documento de Representación de Damas Barinesas, firmado por Josefa Camejo y otras mujeres para pedir ser parte del ejército patriota, se podría interpretar como un principio de acuerdo en que las mujeres podían pertenecer o entrar en un mundo de hombres, tal vez un incipiente feminismo, en que todos eran iguales a la hora de luchar a favor de una causa común.

 

Josefa Camejo, mujer venezolana que liberó la Provincia de Coro

 

Busto de Josefa Camejo en el aeropuerto homónimo

 

 

Mapa político de la Península de Paraguaná

 



 


 


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Antipasto: un plato italiano reincorporado a la gastronomía venezolana

  El antipasto en una típica trattoria italiana                  Es una preparación que trajo a Venezuela la inmigración italiana a partir de la década de los cincuenta del siglo XX, cuando hubo una gran afluencia. Su origen es antiguo, se remonta a la época del Renacimiento. Se servía antes de las comidas en agasajos y banquetes. De la palabra antipasto o antipasti (previo a la comida), suele servirse en Europa como primer platillo o entrada. Tradicionalmente este plato tiene la intención de abrir el apetito de las personas.   La modalidad de antipasto que se consume en Venezuela con mayor frecuencia es con verduras encurtidas. También como entrada, algunos a base de atún y salsa de tomate, entre otros vegetales como zanahoria, cebolla, pimiento, apio, coliflor, etc. Todos los vegetales mencionados se preparan en salmuera o a la vinagreta. Suelen consumirse acompañados de galletas saladas o pan tostado.   En épocas r...

Dulce de Lechosa: el postre de la Navidad venezolana

  El dulce de lechosa o dulce de papaya es una preparación muy tradicional en Venezuela que se asocia con la Navidad. Los pueblos indígenas precolombinos del territorio venezolano ya consumían la lechosa. La cultivaban y probablemente la cocían y hacían preparaciones simples. Con la colonización española de Venezuela llega el azúcar de caña, que se producía posteriormente en ingenios azucareros por toda la zona caribeña y llegan también las técnicas de confitería españolas como la conserva de frutas en almíbar o cristalizadas. El encuentro de la lechosa con el azúcar dio origen a dulces hervidos en almíbar que se difundieron por todo el territorio. La elaboración del dulce de lechosa era común en casas coloniales, preparados por la servidumbre esclava afroamericana que aportó al dulce de lechosa el clavo y la canela, especias importadas.   En la Venezuela colonial, en conventos y casas criollas, preparaban dulces en almíbar como forma de preservarlas durante meses. La ...