En el último encuentro (o desencuentro) de los dos mandatarios mundiales se les ha olvidado sonreír. A Trunp nunca lo he visto sonreír, siempre tiene cara de amargado o enfadado. No sonríe porque lo tiene todo, dinero y poder, pero en realidad no tiene nada, le falta sonreír. Y Zelenski tiene una cara de amargura, de cansancio y de tristeza. Es un hombre derrotado al que también le hace falta sonreír.
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