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Lubna de Córdoba: Una mujer cultivada que vivió en una urbe esplendorosa

 

En uno de mis viajes a Córdoba en España conocí la llamada Casa de Sefarad, una casa de vecinos que se reforma para recrear cómo era una casa donde vivían los judíos sefardíes en la ciudad de Córdoba durante la Edad Media. Es una casa con un patio central con habitaciones alrededor. Recuerdo que en una había la recreación de una cocina, donde hacían vida los judíos elaborando todo tipo de recetas que han llegado hasta nuestros días. En otra habitación, que es la que más recuerdo, habían expuestos varios retratos de mujeres, pintados en la actualidad, para recrear como debieron ser aquellas mujeres importantes de la ciudad y que se explicaba en paneles informativos. Me llamó la atención uno en particular de esos retratos, el de una mujer de tez blanca, sentada de perfil, descalza y con varios libros alrededor. Su nombre era Lubna de Córdoba y su historia merece ser contada.

Lubna de Córdoba nació esclava. Era cristiana y se cria entre los muros y jardines de la ciudad palatina de Medina Azahara. No se sabe cuándo nació y se cree que podía haber sido hija natural del califa, pero no se tiene constancia de ello. Su nombre significaba “leche dulce que emana de un árbol” y siempre fue una niña muy despierta e inteligente, lo que le valió que con el tiempo el califa Alhaquén II le diera la libertad y la nombrara su secretaria. Lubna se convirtió en una gran escritora, poetisa y copista por lo que fue nombrada responsable de la Gran Biblioteca de Córdoba que albergaba 500.000 ejemplares, siendo la mayor biblioteca de Europa para ese momento.  

“Al-Ándalus, Gran Biblioteca de Córdoba, siglo X. Con agilidad, una mujer recorría los pasillos tras concebir una idea para reorganizar la biblioteca, mientras intentaba apartar de su mente los recuerdos sobre sus orígenes cristianos. Aceptaba que había nacido esclava y se consideraba afortunada por crecer en el palacio del sultán Abderramán III, donde exploró el «Libro Sagrado», los saberes de Arquímedes y la recién recopilación «Kitab al-agani». En ese momento había comprendido que su corazón estaba en los libros. Mientras avanzaba rápidamente, echó un vistazo desde los miradores del Alcázar, observando la ciudad con casas entrelazadas, mezquitas, hospicios, baños y escuelas públicas. Solo destacaba la majestuosa Mezquita de Córdoba, visible desde cualquier punto de la ciudad. Magnánima. Omnipresente. Llegó a la entrada de la biblioteca y abrió la puerta con premura. Múltiples ojos  se volvieron hacia ella: sus ayudantes eran copistas, iluminadoras, miniaturistas y encuadernadoras. Se trataba de algunas de las más de 170 mujeres que trabajaban a cargo del segundo califa omeya de Córdoba, Alhakén II (915-976). Lubna respiró hondo e intentó calmarse. Saludó a todas en árabe, y se acercó lentamente para supervisar el trabajo de Fátima, quien copiaba un manuscrito valiosísimo cuya única copia en el mundo se encontraba en Córdoba”.

(Texto tomado del Diario La Razón. Escrito por Sonsoles Costero-Quiroga. Creado el 16/01/2024)

 

La ciudad de Córdoba llegó a ser la ciudad más populosa de Europa. Contaba con 200.000 habitantes y que algunos cronistas llegaron a decir que albergaba un millón de almas.

 Lubna, además de ser una gran bibliotecaria, fue una gran matemática y astrónoma. Enseñó a leer y a escribir,  también las cuatro operaciones matemáticas a numerosos niños de los barrios más necesitados de la ciudad.

Lubna de Córdoba llegó a viajar a lugares remotos como Damasco, El Cairo o Bagdad para traerse libros a su biblioteca. Acordándose de su Medina Azahara  y junto a un médico judío llamado Hasdai Ibn Shaprut, organizó la biblioteca del palacio donde pasó su infancia.

 Cómo hemos visto Lubna de Córdoba fue una mujer muy culta que vivió una época de esplendor en su ciudad natal, donde muchas mujeres tuvieron su espacio en la generación de conocimiento. Muy poco se sabe de ella, cuándo nació o cuáles fueron sus orígenes, tampoco si era casada o si tenía hijos. Se han perdido muchos de sus libros cuando más tarde fueron incendiadas las bibliotecas por facciones intolerantes con el saber que habían tomado el poder. Lubna tuvo que huir de su esplendorosa Córdoba, pero su recuerdo comienza en un retrato que se encuentra en la Casa de Sefarad que nos muestra que una mujer vivió en una época de paz, de tolerancia, que impulsaron los califas omeyas Abderramán III y su hijo Alhaquén II con la participación de tres culturas que habitaban la ciudad: La cristiana, la judía y la musulmana, que contribuyeron en mayor medida a hacer de Córdoba un foco del saber universal cuando el resto de Europa vivía sumida en guerras, intolerancia y oscurantismo.

 

En esta sociedad, donde vivimos a un ritmo frenético, donde vivimos estresados, en donde le damos muchas veces valor  a lo material, deberíamos aprender un poco de esa sociedad cordobesa del siglo X en la que vivió Lubna, que nos enseñaba a ser más espirituales, más pacíficos, más tolerantes unos con otros, más solidarios y sobre todo a estar más conectados con el conocimiento. Luego todo se torció dando paso a la sinrazón y a la violencia, pero ese período de tiempo en que Córdoba vivió su esplendor es merecedor de ser estudiado  desde la contribución de los hombres y también las mujeres que habitaron en esa urbe esplendorosa.

 

Retrato de Lubna de Córdoba de la Casa de Sefarad




 

Casa de Sefarad de Córdoba- Patio Central


 

Restos arqueológicos de Medina Azahara, ciudad palatina donde se cria Lubna de Córdoba

 

 


 



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