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Historias de Mujeres: Egeria, la dama viajera de la Antigüedad

 Es sabido que hay mucha gente que le gusta viajar, conocer nuevos mundos, nuevas gentes, nuevas costumbres y de verdad pienso que viajar es enriquecedor en todos los aspectos porque te culturizas, observas que no eres único en el mundo y que hay sociedades fuera de nuestras fronteras que viven mejor o peor que tú, que hay paisajes y monumentos creados por el hombre muy distintos a los de tu zona de residencia.

Hay mucha gente que se ha dedicado a viajar a lo largo de nuestra historia, pero hay una persona, una mujer, que fue la primera que se dedicó además de viajar, de escribir una guía descriptiva de los lugares por donde iba pasando en su largo periplo. Su nombre era Egeria, una dama del siglo IV que había nacido en Hispania, en la provincia que los romanos llamaban de Galaecia y que comprendía las actuales provincias de Galicia, León, Zamora, Asturias y el norte de Portugal.

A finales del siglo XIX, en la ciudad de Arezzo en Italia, se encontró un códice en una biblioteca de la ciudad que provenía de un monasterio. Además de un códice se encontraron unas hojas sueltas con notas de viaje donde se apuntaba todo lo que se veía, pertenecientes al siglo IV. Estas notas de viaje las había transcrito un monje y por esa razón ha llegado hasta nuestros días y sin lugar a dudas se trataba de los escritos de Egeria, la mujer española que emprendió un largo viaje.

Nuestra viajera sale de Galaecia, su tierra, y emprende su viaje durante tres años, desde 381 hasta 384. Se cree que Egeria era una mujer muy religiosa pero laica, no era monja como muchos creían porque en esa época no existían como tal y pertenecía a la alta nobleza,  muy probablemente emparentada con el Emperador romano del momento llamado  Teodosio, que también había nacido en la Hispania romana y era cristiano. Egeria no viajaba sola, iba acompañada por religiosos, a veces obispos que se unían a la  gran dama. En ese momento histórico estaba de moda peregrinar a Tierra Santa donde había viajado Santa Elena, la madre de Constantino, el primer emperador romano que se convirtió al cristianismo y proclamó la libertad de culto, por ello nuestra dama emprendió viaje hacia Tierra Santa y otros territorios para visitar lugares de martirio donde se construía una iglesia o una ermita o un monasterio, o cuevas donde había anacoretas, personas solitarias dedicadas a la penitencia y a la contemplación.

 

Egeria con toda seguridad viajaba por las antiguas vías o calzadas romanas por donde pasaban carros de caballos, ejércitos, comerciantes y recaudadores de impuestos y en donde existían ventas donde el viajero podía descansar, comer y dormir. Egeria debía llevar consigo un salvoconducto o pasaporte que le permitía moverse y también existía la figura del guía que le llevaba o le mostraba donde había lugares santos.

Egeria era una mujer curiosa, inteligente y muy crítica, no era una persona bobalicona. Le gustaba preguntar allá por donde iba. Era una persona cultivada. Llevaba libros consigo, entre ellos la Biblia. Debía ser una mujer de mediana edad, ni muy joven ni anciana. En sus escritos decía que no había visto la estatua de sal en que se había convertido la mujer de Lot (personaje bíblico) al voltear y mirar hacia Sodoma y Gomorra, tal como decían las gentes que aún se podía ver por aquellos lugares. Era una mujer ávida de conocimientos y le gustaba dejar por escrito todo lo que veía.  Sus escritos se llamaron Itinerarium que fueron una verdadera relación de viaje. Faltan algunas partes, sobre todo de cuando salió y cuando regresó, pero se puede reconstruir suponiendo los lugares por donde pasó. Sale de Galaecia hacia el sur de Francia y viaja a Italia para tomar un barco hacia Constantinopla. Va a Tarso, Antioquía, Nicópolis y en Jerusalén se establece tres años desde donde hace excursiones a otros lugares durante meses enteros. De Jerusalén describe la liturgia y los edificios como el Santo Sepulcro y la Iglesia de la Natividad. Visita Samaria, Galilea, el río Jordán, Mesopotamia, el río Eufrates. Viaja a Egipto, asciende al Monte Sinaí y ve la zarza, que no era la misma, pero allí había una zarza que Moisés (personaje bíblico) vio arder sin consumirse como una señal divina. También estuvo en la capilla del Monte Sinaí. Conoce Heliópolis, una importante ciudad de Egipto. Vuelve a Jerusalén para pasar la Pascua y regresa a Constantinopla para regresar a Hispania.

 

En una carta de los monjes del Bierzo (León) también se hace mención a Egeria y dice lo siguiente:

 

“Egeria, inflamada con el deseo de la divina gracia y ayudada por la virtud de la majestad del Señor, emprendió con intrépido corazón y con todas sus fuerzas, un larguísimo viaje por todo el orbe. Y así, caminando despacio y guiada por el Señor llegó a los secretísimos lugares del nacimiento, pasión y resurrección del Señor y, por diversas provincias y ciudades a los sepulcros de innumerables santos mártires para hacer allí oración y encontrar motivos de edificación”.

 

Ahora que estamos en tiempos de Navidad, podemos preguntarnos ¿Qué sentiría Egeria al conocer Belén donde nació Jesús, la cueva donde María alumbró a un pequeño niño que trajo redención al mundo? Con seguridad oró y sintió gran admiración por aquel lugar fascinante, no sólo por la cueva donde nació Jesús, sino por la iglesia de la Natividad, uno de los templos más antiguos del mundo que aún pervive, un templo frecuentado por los primeros cristianos creyentes como Egeria. Luego escribió una guía donde plasmaba todo lo que veía para que quedara en la posteridad y sirviera al caminante, al viajero y al peregrino que visitaba los santos lugares. Imagino que aquel lugar no estaba exento de conflicto, igual que en nuestro tiempo presente. Seguramente nuestra viejera sintió miedo, tuvo que ser prudente al visitar ciertos lugares y estuvo en todo momento acompañada y protegida.

 

Hay que poner en valor que hace dos mil años una mujer,  proveniente de las tierras que hoy conforman España, emprendió un gran viaje, subida en una mula y a veces en un camello, por las calzadas romanas o por desiertos, hasta llegar a tierras mágicas de las que hablaba la Biblia o la tradición oral sobre los santos mártires y que ella, una mujer curiosa y valiente nos ha legado en la primera guía de viajes conocida.

 

No se conservan imágenes de Egeria pero este es el aspecto que debían tener las mujeres de su tiempo y de su condición social en el siglo IV


Vista actual de la Basísica de la Natividad en Tierra Santa



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