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Historias de Mujeres: La Miliciana y el Poeta

 

 Me sonaba que mi abuelo materno había hablado alguna vez sobre su lucha en la Guerra Civil Española bajo las órdenes del bando republicano y decía que había un hombre robusto y barbudo que dirigía una brigada y le apodaban “El Campesino”. Bajo el mando de “El Campesino” que dirigía una unidad de choque contra el ejército sublevado, había una chica de diecisiete años llamada Rosario, que se había alistado voluntaria como miliciana a la guerra sin decírselo a su familia, dejando sus estudios de corte y confección para defender Madrid. Era valiente, no quería estar en la retaguardia como enfermera o cocinera, quería estar en primera línea de fuego y así fue. Se le destinó a la sección de dinamiteros, donde se fabricaban bombas caseras. En un entrenamiento, al querer explotar una granada, Rosario no se dio cuenta que la dinamita estaba húmeda porque había llovido y la bomba estalló en su mano, se la destrozó totalmente. Logró salvar su vida pero no su mano derecha. Cuando se recuperó volvió al frente pero esta vez en la centralita de teléfonos en Madrid. En esa ciudad conoció a varios poetas de la llamada generación del 27 que frecuentaban la capital para intercambiar conocimiento. Entre otros poetas, conoció a Miguel Hernández, un poeta alicantino de gran importancia en la poesía universal. Entablaron una gran amistad que hizo que el poeta se inspirara en ella para componerle una poesía llamada Rosario, dinamitera:

 

 Rosario, dinamitera,

 

sobre tu mano bonita

 

celaba la dinamita

 

sus atributos de fiera.

 

Nadie al mirarla creyera

 

que había en su corazón

 

una desesperación

 

de cristales de metralla,

 

ansiosa de una batalla,

 

sedienta de una explosión.

 

    Era tu mano derecha

 

capaz de fundir leones,

 

la flor de las municiones

 

y el anhelo de la mecha.

 

Rosario, buena cosecha,

 

alta como un campanario,

 

sembrabas al adversario

 

de dinamita furiosa,

 

y era tu mano una rosa

 

enfurecida, Rosario.

 

    Buitrago ha sido testigo

 

de la condición de rayo,

 

de las hazañas que callo

 

y de la mano que digo.

 

¡Bien conoció el enemigo

 

la mano de esta doncella,

 

que hoy no es mano, porque de ella,

 

que ni un solo dedo agita,

 

se prendó la dinamita

 

y la convirtió en estrella!

 

   Rosario, dinamitera,

 

puedes ser varón, y eres

 

la nata de las mujeres,

 

la espuma de la trinchera.

 

Digna como una bandera

 

de triunfos y resplandores,

 

dinamiteros pastores,

 

vedla agitando el aliento,

 

y dad las bombas al viento

 

del alma de los traidores.

 

 

 

 Cuando termina la guerra, la sinrazón, el odio y la represalia del bando vencedor llevará a la cárcel a la miliciana y al poeta. Rosario cumplió 3 años en la cárcel, liberándola antes de tiempo porque tenían que meter más presas y las cárceles estaban abarrotadas, ya que su pena era de 30 años. El destino quiso que el mismo día que la miliciana salía de la cárcel, un 28 de marzo de 1942, moría en la cárcel enfermo el gran poeta Miguel Hernández, quien compuso una poesía, en tiempos de guerra, entre bombas, oscuridad e injusticias, a una mujer valiente que luchó de forma voluntaria en defensa de la libertad.

 

Tal vez mi abuelo materno, que combatió muy cerca de Madrid oyó alguna noticia de la valentía de Rosario, igual que mi abuelo paterno, que participó de las Misiones Pedagógicas, promovidas por la República para llevar la cultura a las zonas rurales españolas, escuchó alguna vez el nombre del poeta Miguel Hernández quien también llevó la cultura a los pueblos de la España rural, antes de la ominosa guerra civil que truncó los anhelos de todos.  

Rosario Sánchez Mora, miliciana que inspiró al poeta Miguel Hernández en su poema Rosario, dinamitera     



Miguel Hernández, poeta alicantino (1910-1942)


 

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