Desde una residencia de ancianos una mujer de avanzada edad recordaba y les decía a sus compañeras que en su juventud lo que más le gustaba era que la gente la parara por la calle para que le firmara un billete de las antiguas pesetas donde aparecía impreso el retrato para el que ella había posado para ser pintada y que se había hecho muy popular. Al mismo tiempo contaba a sus amigas de la residencia que lo que no le había gustado nada era que cuando ella era joven surgieron una serie de habladurías y coplas donde se decía que había sido amante del pintor, siendo esto totalmente falso, ya que el pintor y su esposa la adoraban pues la habían conocido siendo ella una niña, considerándola como una hija.
María Teresa, que era su nombre, nació en Argentina, siendo hija de emigrantes españoles que vivieron en un rancho donde ella nació en el año 1913. Cuando tenía siete años ella y su familia regresaron a España, a la ciudad de donde eran oriundos. En el mismo barrio de la ciudad donde vivían tenía su taller un famoso pintor. Necesitaba una musa para ser pintada. La mujer que le hacía los mandados una vez llegó toda conmovida al taller del pintor y le dijo: “Aquí le traigo a una niña preciosa, de ojos negros y profundos, tez morena y pelo endrino para que la retrate”. El pintor quedó fascinado con la belleza de esa niña y desde entonces siempre fue a su taller a servirle de musa. A cambio de posar para él, la niña recibía unas cuantas pesetas que le venían muy bien para ella y su humilde familia. La niña iba creciendo y se iba convirtiendo en una hermosa joven que el pintor retrató en su cuadro más famoso. Pintó a su musa como nunca lo había hecho, con toda su belleza, una obra perfecta. Tanta fama adquirió que fue encargada como imagen para un anuncio de unas importantes bodegas de vino de la ciudad y también fue utilizada para imprimir sellos de correo. Otros cuadros salieron de su pincel retratando a esta hermosa mujer, sirviendo uno de ellos como imagen de los billetes de 100 pesetas.
La musa del pintor pasó al olvido, llevando una vida de dificultades económicas y solamente tres años antes de morir en una residencia de ancianos se le rindió un homenaje en su tierra. Hablamos de la musa del pintor cordobés Julio Romero de Torres que pintó a la mujer morena como dice una famosa copla. Su cuadro más famoso se llamaba la Chiquita Piconera, que hasta en los sellos de correos aparecía. Pintó a su musa sentada frente a un brasero, con las piernas y el hombro descubiertos, mirando a quienes la admiramos del otro lado del cuadro. En este y en otros cuadros Julio Romero de Torres pintó a la mujer mostrando su sensualidad, sus inquietudes, su situación social. Retrató la psicología de la mujer y su sensualidad que no la interpretaba como objeto carnal sino, mostrando a través de su erotismo, el amor más puro. Un adelantado a su época que pintaba a la mujer sin tapujos, tal cual era.
Muchas leyendas se contaron sobre los amoríos del pintor con su musa, lo que dio paso a que se compusiera hasta una zarzuela llamada La Chiquita Piconera. El pintor moría poco después de haber pintado “La Chiquita Piconera” su última gran obra.
Después de haber visitado el Museo de Julio Romero de Torres en la ciudad de Córdoba que alberga la mayor parte de su obra y de haber comprado dos postales de sus obras más representativa “La Chiquita Piconera” y “Viva el pelo”, en mi habitación, a modo de cuadros que los protege un cristal, cuelgo de la pared las dos obras más fascinantes, más perfectas y armónicas del artista. Observo cada mañana cuando me despierto a la “mujer morena, con sus ojos de misterio y su alma llena de pena” como diría una vieja copla dedicada a la musa del pintor.
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| Viva el pelo-Julio Romero de Torres |
| La Chiquita Piconera- Julio Romero de Torres |
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| La Fuensanta, obra cuya imagen fue impresa en los billetes de 100 pesetas- Julio Romero de Torres |
La Morena de mi Copla- Copla española cantada por Manolo Escobar:


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