Cuando yo era una niña me apasionaba leer los libros para niños que nos compraban mis padres a mi hermano y a mi. Uno de ellos se llamaba “Mi Libro Encantado”, una colección de libros de tapa amarilla de la literatura universal adaptado para niños, con ilustraciones y texto adecuado para la lectura infantil.
Me gustaba, entre muchas otras, una poesía escrita por Federico García Lorca, que se llamaba “El lagarto está llorando”. Debió ser muy especial para mí porque aún la recuerdo. Ahí tomé mi primer contacto con la belleza de las poesías de Lorca y con los lagartos. La transcribo, porque es hermosa, al menos a mí me lo parece:
EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO
El lagarto está llorando
La lagarta está llorando
El lagarto y la lagarta.
Con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados
¡Ay, su anillito de plomo!
¡Ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
Monta en su globo a los pájaros
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos que viejos son!
¡Que viejos son los lagartos!
¡Ay, como lloran y lloran
¡Ay, ay, como están llorando!
Federico García Lorca
Lagartos, lagartijas, salamanquesas, ardachos. dragones, todos nombres válidos que se les ha dado a un pequeño reptil que fue uno de los primeros vertebrados que poblaron la tierra hace millones de años y que está aún entre nosotros y visita todos los veranos las casas de las familias.
A mi casa van varios veranos que este animalito inofensivo nos visita. Hace muchos años encontramos al lagarto pegado en la pared de la habitación de mi madre exhibiendo su llamativo color verde.
Este verano que estamos pasando y que se presenta como algo “más normal” que los años anteriores, con un calor más húmedo y más propio de mi ciudad, han aparecido. crías de lagartos, lagartos bebé muy pequeñitos trepando por las cortinas del comedor y de la cocina, siendo tal vez su casa el falso techo de la persiana. Como toda cría son bonitos, con sus ojos grandes y su color verde intenso, con dimensiones diminutas.
Los ardachos, como les solía llamar mi abuelo a los lagartos o lagartijas, son comunes en las zonas templadas del mundo y en particular del Mediterráneo. No hay más que verlos deslizarse por los olivos milenarios del casco viejo de Palma de Mallorca.
Como seres vivos que habitan la tierra desde tiempos inmemoriales, tuvieron un carácter simbólico en las culturas antiguas.
En la mitología romana la lagartija simbolizaba la muerte y resurrección, la regeneración, el cambio positivo. En las culturas mediterráneas, el lagarto era considerado un viejo amigo de la familia.
Para los griegos y los egipcios los lagartos representaban sabiduría y suerte, por lo que se les relacionaba con la abundancia. Para los celtas las lagartijas representaban evolución y crecimiento holístico, es decir como un todo, dejar de rendirse y conectarse con la Madre Tierra. Los aztecas pensaban que el lagarto era un animal de poder, un compañero espiritual que comparte su sabiduría con los humanos y brindan fortaleza e inspiración. Según los aztecas, la lagartija guía a los escritores a reflejar en sus obras la luz y el amor.
Una de las veces que he ido al centro de Valencia, mi ciudad, entré a una famosa cafetería muy cercana al Mercado Central. Cuando estaba esperando sentada mi café y mi bocadillo, mirando a través del ventanal, alcé la vista y vi sobre la fachada del edificio amarillo de la esquina un lagarto esculpido de grandes dimensiones que trepaba. Más abajo me fijé que ponía “El Fardacho”, que es el ardacho traducido al valenciano y que corresponde al nombre del local comercial que permanece cerrado pero que al parecer se trataba de una cafetería. No sé muy bien que fue de ese local, por qué lo cerraron o si hay ahora otro negocio, pero lo que si sé es que el ardacho es emblema de la ciudad, es un símbolo que la cultura mediterránea tiene a bien para preservar el significado de este animal icónico y que se venden figuritas en forma de lagarto para que las cuelgues en la pared.
Igual que esta curiosa escultura de un lagarto que trepa por la fachada de un edificio amarillo de mi ciudad, me hace recordar que también parecía que trepaban sobre mi libro amarillo los lagartos salidos de la pluma de un precioso poema del genial poeta universal que leía y releía y me hacía soñar despierta siendo una niña. Como pensaban los aztecas, los lagartos son guías que me han acompañado y ayudado a reflejar en este escrito el amor y la inspiración que he sentido a través de estas letras.
| Edificio de Valencia donde se encuentra el lagarto esculpido |
| Fachada del edificio de Valencia donde se encuentra el lagarto esculpido |
Comentarios
Publicar un comentario