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Tesoros de España: Segóbriga, un lugar arqueológico de Cuenca

 Esta vez nos vamos a Cuenca. Su ciudad es de cuento. Viendo sus casas colgantes no es difícil que veas en tu imaginación pasar una bruja montada en una escoba que atraviesa esas hermosas casas colgadas en la piedra. También te encuentras en ese mirador llamado el Ventano del Diablo, una pequeña cueva, que forma una especie de balcón natural en el que te asomas y ves el río Júcar que rodea a Cuenca y su pétrea naturaleza. Imaginas  que ese lugar era la morada del diablo, que la leyenda cuenta que despeñaba por ese barranco a la gente que no seguía sus preceptos y recuerdo ese cuento que me contaba mi madre en mi infancia en que un chico debía quitarle tres pelos al diablo y al cumplir su misión podía casarse con la princesa. Aquella ventana o ventano del diablo parecía el lugar donde le arrancaron los tres pelos del diablo mientras decía aquella frase que me impresionaba: "Aqui huele a carne humana".

Recuerdo a Cuenca por su gastronomía: Su pisto manchego para chuparse los dedos, su morteruelo más exquisito que un paté y sus zarajos, una rara forma de comer cordero, todos platos mencionados por Don Quijote de la Mancha. No podía dejar de recordar también la Ciudad Encantada, una formación de rocas que tienen formas caprichosas a las que la gente ha puesto nombre. Es tierra de fósiles de millones de años. Conservo un colgante con un pequeño fósil que guardo como un recuerdo de esta ciudad de piedra muy cercana a Cuenca que esconde una leyenda trascendental. 

 Segóbriga es el más claro ejemplo de la progresión social y el desarrollo urbano en la Meseta Sur en época romana. El espacio sobre el que se ubica la ciudad, impulsada por el emperador Augusto, estuvo ya habitada por culturas prerromanas, como demuestran yacimientos atribuidos a los celtíberos y que posteriormente serían romanizados.

 Segóbriga se sitúa sobre un cerro, por lo que, para adecuarse a una ciudad romana se tuvo que recurrir a explanaciones y aterrazamientos. La población se rodeó de la muralla. Para hacerla mas impresionante se alzaron tres puertas monumentales que se abrieron en la muralla. A ambos lados de la vía de entrada por la puerta principal se construyó un teatro y un anfiteatro destinados a las grandes fiestas y actos colectivos. La puerta norte daba a una calle principal norte-sur o kardo maximus que constituía el eje central de la ciudad y de la que salían las calles transversales este-oeste o decumani. Nada mas atravesar la puerta principal de entrada a la ciudad se construyó el foro, formado por una gran plaza enlosada y llena de pórticos, y de los monumentos urbanos más significativos como la curia y la basílica. Frente al foro, frente a la calle principal norte-sur se alzaba el templo dedicado al culto imperial. Tras este templo se encontraban unas grandes termas monumentales. La parte más alta de la ciudad debió ser la acrópolis o ciudadela. Además, una parte del solar de la ciudad estaría cruzada de calles con casas y tiendas o tabernae

 Las referencias a la riqueza de sus minas de lapis specularis, el yeso cristalizado que serviría como cristal de ventana para las viviendas modestas y que permitía decorar estancias en celebraciones y días señalados, deja entrever que la vida de la ciudad y sus transformaciones tuvieron mucho que ver con el rendimiento de estas explotaciones.

 La minería y la explotación agrícola de la periferia debieron ser los motores principales del crecimiento y desarrollo monumental de Segóbriga que llegó a albergar un teatro, un anfiteatro, unas grandes termas públicas, el foro, templos, etc., hasta convertirse en el centro urbano más importante de la meseta meridional.

 El teatro romano de Segóbriga es uno de los más pequeños pero mejor conservado, al menos en su graderío. Para su construcción se aprovechó con toda intención la pendiente de la colina, ya que permitía un gran ahorro de esfuerzo constructivo.

 Este pequeño teatro se inauguró en tiempos de Tito y Vespasiano en el 79 a.C., conforme indicaba una gran inscripción monumental cuyos restos han aparecido entre las ruinas.

La parte inferior conserva la orchestra casi semicircular rodeada de tres escalones para los asientos de las autoridades.

Si bien el graderío se conserva en muy buenas condiciones, la escena (scenae) está prácticamente destruida hasta sus cimientos. Por sus restos podemos concluir que la escena estuvo decorada muy profusamente, y disponía de columnas acanaladas en espiral de influencia oriental. Tenían capiteles corintios y pedestales con estatuas decorativas, todas ellas presididas por la diosa Roma. Posiblemente su estructura se componía de dos órdenes de columnas. Tras ellas se distribuían pasillos y estancias para los actores. Detrás de todo el conjunto se hallaba una estancia con un altar, lo que resaltaba el carácter político y religioso que tenían los teatros romanos.

El anfiteatro estaba construido frente al teatro, ambos flanqueaban la entrada a la ciudad. Es de forma elíptica irregular y sus 75 metros de largo lo hacen el mayor monumento de Segóbriga, con capacidad para 5500 espectadores. La arena está separada del graderío por un alto podium para mayor seguridad. Un pasillo cubierto  unía las puertas y enlazaba las habitaciones para las fieras destinadas a espectáculos.

 Las termas monumentales se construyeron en el siglo I d.C. y estaban destinadas al baño e higiene, al esparcimiento y negocios.

  A través de una calle escalonada se accedía a la palestra, patio porticado con columnas para hacer ejercicios. De aquí se accedía al vestuario, con una piscina en el centro. Después se pasaba sucesivamente al frigidarium o sala fría, al tepidarium o sala templada, al caldarium o sala caliente y al laconicum o sauna seca. Al norte estaban las habitaciones de servicio, como leñeras y los hornos para calentar los baños.

  En el siglo I, Sexto Julio Frontino en su obra Stratagemata menciona en dos ocasiones a Segóbriga. En ellas menciona el ataque del pastor guerrero lusitano Viriato contra Segóbriga (año 146 a. C.) debido a su alianza con Roma durante la conquista de Hispania por parte de ésta:

“Viriato disponiendo sus tropas de emboscada, envió a unos pocos a robar el ganado a los segobriguenses; como saliesen éstos en gran número para castigarlos, echaron a correr aquellos, simulando que huían…”

  “Viriato volvió sobre sus pasos y lo recorrió en uno solo, cayendo sobre los segobriguenses desprevenidos, cuando más ocupados estaban en sus sacrificios”.

 Sobre personajes históricos tan de leyenda como Viriato, son muchas las historias y mitos que se crean. Una de esas historias es la de la celebración de los funerales de Viriato, pues según una leyenda conquense su incineración se realizó sobre el Tormo Alto de la Ciudad Encantada de Cuenca, una de las formaciones rocosas mas llamativas y emblemáticas de este conjunto rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad.

 Cuenta la leyenda que, un día, tres de los capitanes de Viriato se vendieron por unas monedas asesinando a su jefe mientras dormía en su tienda del campamento cercano a Segóbriga. Cuando los celtíberos se enteraron de su muerte se apresuraron a recoger su cuerpo inerte y ensangrentado para que no fuese profanado por sus enemigos. Inmediatamente comunicaron a su amada la triste noticia, que era oriunda de tierras conquenses y la acompañaron hasta el Tormo Alto, donde tenían el cuerpo del querido caudillo y jefe.

 No resultó tarea fácil subir su cuerpo al Tormo Alto, un bloque de piedra de forma cónica, pero una vez allí fue rodeado de tomillo y mejorana, siendo incinerado mientras sus guerreros danzaban alrededor de aquella tumba. Su amada alzaba la vista hacia aquellas llamas que encerraban el amor de su vida y lo diluían poco a poco hasta hacerlo desaparecer.

 Terminaron de recoger sus cenizas cuando ya llegaba el nuevo día. Fueron esparciendo por toda la Ciudad Encantada, en donde uno de sus campamentos estuvo instalado muchos años. La encargada de aquella misión fue la joven conquense, pues había sido lo pactado con aquel hombre que aún habiendo sido un humilde pastor, llegó a ser uno de los personajes más importantes de su tiempo y de la Historia de España. 

 

Ciudad Encantada (Cuenca)

Teatro de Segóbriga

Anfiteatro de Segóbriga

 

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