Cuando vamos a una exposición por lo general esperamos encontrar una muestra relacionada con el arte, ya sea de pintura, escultura, etc., pero muy pocas veces dedicada a la ciencia. Esta vez nos tocó descubrir lo sorprendente del mundo marino en un museo de ciencias de la ciudad.
En el Museo de Ciencias Naturales de Valencia (España) hay una exposición que tiene que ver y mucho con nosotros los afectados de la retina. Es la exposición dedicada al ojo de la ballena. Según las investigaciones de una bióloga que extrajo el ojo de una ballena que quedó varada en una playa al norte de España. Por lo que pude captar y entender de las explicaciones de nuestra excelente guía de la exposición, la ballena tiene muchas cosas en común con nosotros los seres humanos ya que es un mamífero, pero lo más sorprendente es que tiene baja visión, es decir que comparte con nosotros los afectados de retina el no ver bien, el no tener suficiente vista para defenderse en su mundo acuático y a diferencia de nosotros, la ballena no percibe los colores, es decir que ve en blanco y negro. Tras ver las espectaculares fotografías ampliadas y coloreadas de las partes del ojo de la ballena, su córnea, su retina, sus neuronas retinianas, fue maravilloso observar esos descubrimientos tan interesantes. Pasamos los asistentes a otra sala y cuál fue mi sorpresa: ver el esqueleto de una ballena de 18 metros de largo, ver sus enormes proporciones, su colosal columna vertebral, sus grandes vértebras. Se trataba de una ballena que quedó varada y murió en la playa del Perellonet, muy cercana a la ciudad de Valencia.
Luego de aprender de esta interesantísima exposición, se nos dejó recorrer toda la exposición de Ciencias Naturales en donde vimos fósiles, esqueletos de dinosaurios, conchas marinas con millones de años, ámbar donde quedó atrapado un mosquito de épocas pasadas, y el escritorio y microscopio del brillante científico Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel y padre de la Neurociencia, que escogió parte de su vida para vivir e investigar en Valencia.
Al ver y sentir toda la exposición pensé lo maravilloso que es el mundo animal, en especial el mundo marino del que conocemos muy poco y lo fascinante de la evolución de las especies, de lo que somos y de lo que fuimos en el pasado, como se ha ido transformando en el tiempo la naturaleza y los seres que habitan en ella. Es cuanto menos grandioso y extraordinario.
Hay una historia remota, muy lejana en el tiempo, que nos la narra la Biblia y que tiene que ver con una ballena. Se trata de Jonás, un profeta que había sido enviado por Dios a predicar en Nínive, una ciudad situada a orillas del río Tigris en lo que hoy es Irak y que para ese entonces pertenecía al imperio asirio. Fue una ciudad muy próspera, con jardines, palacios, pero que a ojos de Dios vivía en pecado y existía mucha maldad. Jonás desobedeció a Dios, huyó y tomó un barco que lo trasladaba hasta Tarsis, la antigua Tartesos que se encontraba en España. Por voluntad divina se desató una tormenta. Jonás sabía que la tormenta la enviaba Dios por haber desobedecido y arrepentido se tira al mar y es entonces cuando Dios envía a una ballena para que salve a Jonás. La ballena se lo traga y permanece dentro de la ballena durante tres días en los cuales se dedica a la oración y es cuando la ballena lo expulsa en tierra firme y Jonás regresa a Nínive a predicar sus enseñanzas.
Es una historia fantástica que tiene un significado de arrepentimiento. En esta historia podemos observar las bondades de la ballena, al ser elegida para ayudar a un ser humano. Esa conexión entre la gran ballena y el hombre es patente en esta historia.
De la misma manera que la ballena expulsa a Jonás en tierra firme para que cumpla su cometido, una ballena queda varada en las costas cercanas al laboratorio de la bióloga que estudia el ojo de la ballena para cumplir su misión de descubrir que el ojo de la ballena es muy similar al ojo de los que vemos con baja visión. Tal vez las enseñanzas bíblicas y los descubrimientos científicos tienen ese punto en común que nos trata de decir que debemos cuidar a nuestras ballenas porque está en ellas y en nosotros los seres humanos la continuidad de nuestra especie.
Quién sabe si la ballena de Jonás llegó a alguna playa de Tartesos, de aquella civilización de la antigüedad que ocupó España, igual que una ballena quedó varada en una costa de Vizcaya para ser estudiado su ojo por una investigadora o una ballena quedó varada en la playa del Perellonet y que fue recogido su esqueleto para ser contempladas sus grandes dimensiones por los visitantes del didáctico Museo de Ciencias Naturales de Valencia. La respuesta es que nadie lo sabrá, pero lo que sí se sabe es que las ballenas nos quieren decir algo y que de alguna forma están conectadas para bien con nosotros los humanos.
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| Esqueleto de la ballena varada de la playa del Perellonet (Valencia) |
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| Fotografía ampliada y coloreada de las neuronas retinianas de la ballena |


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