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Tesoros de España: Medina Azahara y su hermosa leyenda

Cuando conocí Medina Azahara, la ciudad palatina de época musulmana muy cercana a la mágica ciudad de Córdoba, quedé sorprendida por su grandiosidad, por lo que fue y representó para Al Andalus, como le llamaban los musulmanes a España en la Edad Media. Recuerdo que debió de ser a finales de primavera de hace muchos años. Había mucho sol pero no hacía calor. En mi paso por allí pisé el salón donde el califa recibía a sus embajadores y en el que aún en el suelo se mantenían algunas piedras que parecían escombros o bases de algo que fue destruido, que nunca han quitado y no se el por qué, ya que aparecen en las fotografías de los libros, como si los arqueólogos no quisieran retirarlas por alguna razón. A Medina Azahara nos llevó mi prima de Córdoba. Por aquel entonces ella llevaba una de aquellas pequeñas y primeras cámaras digitales e iba tomando fotografías de todo aquello que admirábamos. Yo en cambio tenía una vieja camarita analógica que ya no se usaba y que probablemente se le había acabado el rollo y no pude seguir tomando fotos. Mi prima tomaba fotos y yo me decía a mi misma que pronto tendría que comprarme una de esas revolucionarias cámaras del momento. Cual fue mi sorpresa cuando al día siguiente mi prima tuvo el hermoso detalle de regalarme un cd de aquellos redondos, que casi ni se ven y que ahora se usan para poner en los balcones para que se deslumbren las palomas y no vayan, con todas las fotos que había tomado de aquella maravillosa ciudad del pasado. Ella tuvo la genial idea de hacer lo mismo que muchos años atrás su tío hizo con mi padre cuando lo llevó al castillo de Almodóvar muy cercano a Córdoba y que al llegar comprobaron que estaba cerrado. Empezaron a a tocar la puerta el abuelo y el tío de mi prima emulando a un caballero que no podía entrar a su castillo. Tuvieron que marcharse de allí, pero el tío de mi prima, ya cuando mi padre y todos, yo muy pequeña, nos habíamos ido de Córdoba, fue un día solo, con su cámara grande y pesada de los años setenta al castillo de Almódovar y tomó muchas fotos de aquella fortaleza las cuales envió a mi padre, teniendo un detalle, un gran gesto al mostrarle en imágenes el interior del castillo que no habían podido ver aquel día. 
 
En ese mismo viaje a Medina Azahara nos acompañó a mi madre y a mi. mi tía, la hermana menor de mi madre. También muy maravillada por estar allí, en Medina Azahara, se puso un pañuelo en la cabeza para protegerse del sol e iba diciendo que parecía que iba por la ciudad marroquí de Marraquesh. Tal vez en esta ciudad fue a parar una pieza robada de la ruina en que quedó Medina Azahara después de ser destruida por guerras internas entre sus mismos gobernantes. 
 
 Medina Azahara (ciudad brillante) es una ciudad palatina que mandó construir el califa Abderraman III en 936 a las afueras de Córdoba, mas concretamente, en Sierra Morena. Los principales motivos de su construcción son de índole político-ideológica: La dignidad de califa exige la fundación de una nueva ciudad, símbolo de su poder, a imitación de otros califatos orientales y sobre todo para mostrar su superioridad sobre sus grandes oponentes políticos. 
 
El yacimiento arqueológico de Medina Azahara está declarado Bien de Interés Cultural. En siglos sucesivos, guerras civiles trajeron destrucción, saqueo y desmantelamiento de la ciudad palatina, pues fue utilizada como cantera artificial para la construcción de otros edificios en Córdoba, cayendo progresivamente en el olvido, hasta que desapareció, una fecha imprecisa, del ideario colectivo. 
 
 Debido a la topografía del suelo, que se encuentra en pendiente, la ciudad se construyó sobre tres terrazas superpuestas, que correspondían a las tres partes de la ciudad separada por muros. La residencia califal dominaba toda el área de la terraza superior. La terraza media albergaba la administración y las viviendas de los más altos funcionarios de la corte. La inferior estaba destinada a la gente del pueblo y los soldados. Allí se encontraban la mezquita, los mercados, los baños y también los jardines públicos. La puerta norte se abre en el centro de la muralla septentrional y es el punto de llegada de la vía de comunicación mas rápida con la ciudad de Córdoba en aquel entonces. El siguiente espacio que encontramos es la llamada Casa Militar. Se trata de un edificio de planta basilical con cinco naves longitudinales y una transversal. El edificio tiene la peculiaridad de conservar prácticamente íntegro su pavimento original de ladrillo. El Gran Pórtico es la zona más noble de la ciudad palatina, dando acceso a la zona administrativa y política. Constituye la fachada oriental rodeada de otras construcciones. El pórtico lo constituyen una arquería decorada en blanco con la presencia alterna de dovelas en ladrillo y piedra. Se trata de una organización efectista, puramente escenográfica, ya que su principal función era impresionar a todos aquellos que se acercasen, sin correspondencia alguna a su espacio trasero, donde se abre una sola puerta de reducidas dimensiones. El Salón de Abderramán III, también llamado Salón Rico, fue el salón utilizado para la recepción de embajadas importantes y que tiene planta basilical de tres naves longitudinales con otra transversal en su entrada que actúa de pórtico. Este salón está decorado con relieves de decoración vegetal en mármol en sus zócalos, característica del arte islámico, seguido por relieves de distintos motivos hasta la típica cubierta de artesonado de madera. Sus columnas alternan los fustes de mármol rosa y azul, rematados por los típicos capiteles de avispero califales, desde los que arrancan los característicos arcos de herradura califales, en los que se da la alternancia de dovelas decoradas con motivos vegetales y con pintura. 
 
La Mezquita Aljama consta de un patio porticado en tres de sus lados y una sala de oración de cinco naves longitudinales con arquerías perpendiculares. El alminar, torre desde donde se llamaba a la oración es de planta cuadrada al exterior y octogonal en el interior. 
 
La casa o vivienda de la Alberca es la residencia del príncipe heredero Alhaquén, hijo de Abderramán III. Estructuralmente destaca por ser la única construcción en todo el conjunto que presenta una planta en torno a un jardín central con alberca, lo que proporciona uno de los espacios más íntimos de toda la ciudad califal. A los lados menores del patio se abren, mediante fachadas de triple arquería profusamente decoradas, varias estancias alargadas. También presenta en uno de sus lados un baño adosado. 
 
 La casa de Yafar se articula en torno a tres ámbitos espaciales, organizados en torno a sus correspondientes patios, todos ellos de distinto carácter, uno público, uno íntimo y otro de servicio. El espacio oficial está constituido por una edificación de planta basilical, que cuenta con tres naves longitudinales que se comunican entre si mediante puertas rematadas con arcos de herradura. Hay una nave transversal abierta al patio con un baño contiguo. La fachada se organiza mediante una triple arcada de herradura soportada por columnas. En cuanto a la decoración de este edificio, éste se pavimentó con gruesas losas de mármol blanco, excepto en el patio, donde se emplearon piedras de caliza violácea; además destaca la decoración de la fachada con temática vegetal y geométrica. 
 
La Casa Real se sitúa en el punto mas alto de la ciudad palatina y es la residencia íntima del califa Abderramán III. La vivienda se organizó sobre una plataforma cortada en la roca donde se ubicaron las habitaciones decoradas íntegramente. Tanto las fachadas de las habitaciones principales como las portadas interiores recibieron decoración labrada en placas de piedra adheridas a los muros. La riqueza de esta ornamentación se extiende también a los pavimentos de ladrillo de las estancias. Algunos son lisos, pero muchos otros recibieron un tratamiento decorativo a base de incrustaciones de piedra caliza blanca que dibujaban cenefas geométricas. 
 
Existe una leyenda sobre Abderramán III y su favorita Azahara, para quien construyó la mas hermosa medina, una ciudad que llevaría el nombre de su amada y se convertiría en la “Ciudad de al-Zahra”, la “Ciudad de la Flor de Azahar”. Abderramán había traído a Azahara desde Granada. Pronto se convirtió en su preferida y, para demostrarle el amor que sentía por ella, ordenó la construcción de una ciudad palatina. Para ello contrató a los mejores arquitectos y artesanos, compró los materiales mas preciados: maderas, mármoles, azulejos, mandó construir hermosos jardines con flores y plantas traídas desde todos los rincones del mundo conocido, los pobló con hermosos pájaros y mandó que en ellos creciesen árboles de exóticos frutos. Telas y muebles comprados a los mercaderes más prestigiosos adornaban las estancias de su favorita Azahara. Todo lo hizo el califa por su amor. Sin embargo Abderramán la sorprendía a menudo llorando y sus constantes regalos y atenciones no conseguían su sonrisa. Le preguntó el motivo de su tristeza y qué debía hacer para contentarla. Azahara le contestó que el califa a su tristeza no podría ponerle remedio, pues lloraba por no poder contemplar la nieve de Sierra Nevada de su Granada natal. Él le respondió que haría que nevara en Córdoba. Inmediatamente mandó talar un bosque frente a la medina y replantarlo de almendros muy juntos unos de otros y cada primavera, cuando los almendros abrían su flor blanca, la nieve aparecía en Córdoba sólo para su amada Azahara, que no volvió a llorar. 
 
Medina Azahara no solo es arquitectura, sino que albergó en su momento de mayor esplendor, una exquisita colección de arte mueble en forma de piezas de reducido tamaño. A continuación algunos ejemplos representativos de las artes decorativas encontrados en la ciudad palatina: La Cierva de Medina Azahara es una pequeña pieza de bronce que fue elaborada como un pequeño surtidor de agua para decorar una de las numerosas fuentes con las que contaba la ciudad palatina. Siendo considerada de forma unánime como la obra maestra de la escultura hispano-musulmana del período omeya (s.X-XI). La curiosa pieza zoomorfa encontrada, que según los investigadores formó parte de la vajilla de gala de la ciudad de Medina Azahara, por sus rasgos morfológicos, se ha llegado a la conclusión de que esta pieza de pequeñas proporciones quizás pudiese tratarse de una jirafa. Sobre su uso se piensa que pudo servir para verter algún tipo de líquido. La decoración está realizada a base de vidriado blanco, así como pequeños fragmentos de verde y manganeso. Es datada en los años centrales del siglo X. El Aguamanil del Louvre (s.X) es una de las estrellas de la sala islámica del Museo de Louvre en París. Es un aguamanil en el que se distingue la figura de un pavo real, se trataba de un recipiente destinado para el almacenamiento de agua para el posterior lavatorio de las manos. Otro objeto importante hallado fue la caja de marfil con inscripciones llamada Píxide de Al-Mughira, que se conserva también en el Museo del Louvre. 
 
Salón Rico de Medina Azahara




 
Salón Militar de Medina Azahara

Cierva de Medina Azahara


Aguamanil de Medina Azahara

 
Jirafa de Medina Azahara

 
Vista de Medina Azahara

 

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