Cómo podemos recordar en entradas anteriores, el Santo Cáliz de Valencia se encuentra expuesto en la Catedral de la ciudad desde el siglo XV hasta que durante la invasión napoleónica fue necesario salvaguardarlo del expolio de las tropas francesas.
En 1808, como ya he descrito en mi entrada anterior y tras las acciones del Palleter que llama a la rebelión del pueblo de Valencia, se inicia la resistencia a la entrada de los franceses en la ciudad. Los sacerdotes tienen la gran idea de salvaguardar las reliquias de la catedral del saqueo o la destrucción por parte de las tropas invasoras. Entre esas reliquias está el Santo Cáliz de Valencia. En 1809 son trasladadas en barco a Alicante costeando el litoral, y no a las Islas Baleares, porque ese trayecto marítimo era peligroso por un posible ataque de los corsarios. En la ciudad de Alicante son repartidas entre la catedral y una casa situada en una plaza. La Santa Copa estuvo en esa casa, siendo muy protegida, durante casi un año. Las reliquias son devueltas a Valencia para 1810, en que la ciudad se encontraba más pacificada. El Santo Cáliz vuelve a la catedral de Valencia, teniendo un viaje de vuelta muy accidentado por el mal tiempo que obligó a la embarcación a parar unos días en la localidad de Benidorm, en la costa alicantina. Al llegar el cargamento a Valencia se tuvo la noticia de que volvería a ser atacada por las tropas de Napoleón, y se decide de forma precipitada volver a sacar las reliquias de la ciudad y llevarlas esta vez a Ibiza, un lugar más seguro por tratarse de una isla a la que apenas llegaban los franceses con sus tropas. El viaje fue difícil por culpa nuevamente de un temporal. Parte de la carga tuvo que desviarse a Denia, ciudad de la costa alicantina, pero la caja donde se guardaba el Grial pudo llegar a Ibiza. Casi dos años estuvo en Ibiza en una casa en mitad del campo, en secreto, escondido, que muy pocos lo sabían. El obispo de Ibiza, pedía que el santo Cáliz fuera expuesto en la catedral, pero el sacerdote custodio, se negó y siempre protegió la reliquia oculta en aquella casa. Era peligroso que los franceses supieran de la existencia del cáliz de Jesús, pero al parecer un sacerdote había comentado al enemigo que la reliquia estaba en la isla de Ibiza. De nuevo fue necesario su traslado. Los sacerdotes de Palma de Mallorca, la otra isla balear, pidieron que se llevaran allí todas las reliquias. El Santo Grial, viaja a Palma de Mallorca. Se pide que sea expuesto en la hermosa catedral de la isla, pero nuevamente su protector se niega llevándoselo consigo. Muchas de las reliquias, sobre todo las de plata, fueron fundidas en la Casa de la Moneda de Palma de Mallorca para costear la guerra contra los franceses.
El Santo Cáliz estuvo en la isla unos meses hasta que los franceses abandonan España en 1813 y se decide devolverlo a la Catedral de Valencia junto a unas pocas reliquias más, entre ellas el Cristo del Grao, al que dedicaremos otra entrada de blog.
Gracias a la providencia, el Santo Cáliz pudo ser salvado de los desastres de una guerra. Pasó vicisitudes, que le llevaron a ser escondido, custodiado, protegido del saqueo por parte del ejército invasor, o quizás también del ejército español, o de ser robado por los corsarios que surcaban el mar. Es de reconocer la tozudez del sacerdote Pedro Vicente Calvo que desde la Catedral de Valencia se encargó de su traslado a Alicante y a las islas Baleares y de siempre mantenerlo oculto en lugar seguro.
El Santo Grial de Valencia es una pieza sagrada, simbólica. Es cuestión de fe quien quiera creer en él, pero también es un objeto que ha sido documentado, que es un objeto con historia, y que sabemos de él porque sus custodios, quienes se encargaron de esconderlo en momentos críticos como este caso en que las tropas napoleónicas invadieron la ciudad donde se encontraba, dejaron por escrito, como verdaderas crónicas, lo que le iba sucediendo y por donde iba pasando.
Parece fascinante que el Santo Cáliz haya sobrevivido intacto a las guerras napoleónicas y que haya regresado a Valencia donde por tantos siglos estuvo y donde sigue estando para ser venerado o para ser entendido como un objeto con historia. Es algo casi milagroso que haya sobrevivido a momentos convulsos de la historia de España. Un toque misterioso rodea a este cáliz que ha llegado, atravesando el tiempo, hasta nuestros días.

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