Mi ciudad de Valencia en España no deja de sorprenderme y de mostrarme nuevas cosas que ver, nuevos lugares que conocer.
Con mi grupo nos propusimos ver, y más que ver, oir una mascletá por fallas en la Plaza del Ayuntamiento llamada la “Catedral de la Pólvora”.
Escuchamos muy de cerca la mascletá en la zona reservada a los discapacitados. Zona que tenemos reservada para los que vemos el mundo de manera distinta, porque la vida es un regalo para nosotros y hay que aprovecharla al máximo. Es una zona en plena esquina del ayuntamiento muy cercana al ruido de la pólvora en su máxima expresión, un lugar que hemos ganado al turismo masificado que inunda la ciudad, y también muy cercano a la falla de grandes dimensiones dedicada a dos enormes palomas portando una rama de olivo, símbolo de la paz tan necesaria en esta época convulsa.
Desde allí sentimos la previa a la mascletá con la música de fondo de pasodobles valencianos y el famoso “Fallero” que resume en una canción la esencia de las fallas. Escuchamos las palabras de las falleras “Senyor pirotecnic pot començar la mascletá” para dar inicio a esta sinfonía del ruido. Sentimos temblar la tierra, el corazón, sentimos el olor a pólvora, vimos ponerse de color rosa toda la plaza envuelta en humo. Desde tan cerca nos envolvió la mascletá como si estuviéramos dentro de ella.
Después de verla por primera desde tan cerca nos dirijimos a comer a la cafetería del Teatro Rialto en la misma Plaza del Ayuntamiento. No conocía este café tan bonito donde me pareció viajar al pasado, un lugar histórico y coqueto y también romántico, inspirado en el Art Déco, también con decoración de los años 60 y 70, con un afiche de Marilyn Monroe y otro de Elvis Presley, todo asociado a la música, al cine, al teatro, un lugar acogedor, con forma semicircular, con techos que asemejaban a una concha marina. Un lugar que no conocía y que me dio mucho gusto en conocer, se come bien y buena compañía de mi grupo de buenas personas.
El resto de las fallas las viví en mi barrio, viendo los monumentos de los alrededores, medio tropezando con algún ninot satírico de nuestra clase política, dándome cuenta que son bastante duros y bien construidos, además de sentir el olor a pólvora que me llegaba a la cara cuando un fallero encendió la traca y las falleras con sus trajes y su banda de música rodearon su falla al compás de “Valencia” la canción emblemática de la ciudad levantina.
Adnirando la última falla nos topamos con unos hombres que ponían en una gran plancha con brasas unas alcachofas que con seguridad quedaron deliciosas. Nos teníamos que ir a casa mi madre y yo, quedándonos con ganas de probar aquellas alcachofas tan buenas que preparaba aquel hombre sólo para los falleros de aquella ingeniosa falla de la avenida sembrada de palmeras.
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| Café Rialto |
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| Ninots de Puigdemont, Pedro Sánchez y Feijoo |
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| Falla Ayuntamiento- Palomas de la Paz |





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