Una bonita tarde de finales del invierno, como un anticipo a la primavera, nos dirijimos a ver la exposición de Sorolla y la Luz en el hermoso y céntrico palacio que hoy alberga la Fundación Bancaja.
Para llegar a la exposición dedicada al pintor valenciano y universal atravesamos el colorido puente de las flores. Un puente que a sus lados está cubierto de geranios, en su mayoría de color rojo que alegran la vista al pasar por allí. Es un puente único en el mundo. Llegamos al palacio junto a nuestro grupo que nos estaba esperando a sus puertas. Antes de entrar a la exposición nos explicaron que se componía de tres partes: La primera consistía en ver varios cuadros del pintor, entre ellos los famosos cuadros tomando el baño en la playa de Valencia, en los que Sorolla captaba la luz de la playa tanto de la mañana como de la tarde. Allí estaba, como si estuviera colgado expresamente para mi, el famoso cuadro El Balandrito, en el que aparece un niño jugando en la playa con su barquito. La reproducción del mismo cuadro que me hizo recortar una vez de un calendario esa tierna imagen del niño con su barco, que tal vez evocaba recuerdos del pasado y que enmarcado lo colgué en mi habitación, mirándolo cada vez que me despierto.
Otros cuadros mostraban playas de otros lugares de España como San Sebastián y Asturias, otros lugares como Burgos y su catedral o el retrato de los hermosos reflejos de los estanques del Alcázar de Sevilla. Y otros donde siempre estaba presente el retrato de su esposa Clotilde.
La segunda parte consistía en ver los cuadros en realidad aumentada, a través de grandes pantallas sus cuadros más representativos, entre ellos Visiones de España, los cuadros que pintó en Nueva York de las provincias de España. También el retrato del rey Alfonso XIII al que no sabía que había retratado, el autorretrato del pintor, además de sus cartas que escribía a Clotilde, vistas a gran escala para que pudiéramos ver su letra. Una bonita experiencia de verlo todo a lo grande.
La tercera parte, quizás la más futurista e impensable, era la de ver los cuadros de Sorolla a través de unas gafas o lentes de realidad virtual. Una experiencia novedosa en la que caminabas atravesando un pasillo y seguías unas flechas luminosas hasta llegar a una estancia en la que veías como si pasaran muy cerca de ti los cuadros de Sorolla, a Sorolla pintando y unas bellas mariposas revoloteando a mi paso. Una experiencia que daba la sensación de flotar, de verte inmerso en una realidad creada.
A mi madre le encantó la realidad virtual. Afirmaba que todo lo que se veía ahí era precioso. Mi madre, que ha vivido en dos milenios, que ha pasado de tener una niñez y juventud analógica a tener una edad adulta digital, que ha pasado de oir radio y ver televisión en blanco y negro a ver la televisión a color y ahora experimentar la realidad virtual. Vivió los cambios con verdadera aceptación y entusiasmo.
Es curioso como estas nuevas tecnologías de la realidad virtual avanzan, y tendrán sus aplicaciones en la ciencia, en la educación, no solamente en lo lúdico, pero la realidad “real”, aunque suene a redundancia, lo que ven nuestros ojos, en nuestro instante, en nuestro presente, donde podemos ver, oir, tocar, oler, no tiene precio y pienso que es insustituible. No me imagino y no me gustaría estar dentro de un mundo virtual en todos nuestros quehaceres cotidianos.
Lo que más recuerdo o lo que más vi en esta experiencia inmersiva fue un cuadro de Clotilde, la amada mujer de Sorolla que pasó muy cerca de mis ojos, lo que me hizo preguntarme ¿Quien fue Clotilde? ¿Por qué fue retratada por Sorolla? ¿Qué representó en la vida del pintor?
Sorolla fue un pintor valenciano y universal muy prolífico en sus obras, catalogado como impresionista, postimpresionista y luminista. Su esposa y musa fue Clotilde, la que sirvió de modelo en infinidad de retratos. Fue una mujer comprometida en la organización de exposiciones de su marido, llevaba la contabilidad y a la muerte del pintor cede su casa y sus cuadros al Estado español. A ella le debemos que la obra de Sorolla se convirtiera en un bien de la nación, en un patrimonio de todos y que podamos contemplar una buena parte de su obra en su Casa Museo de Madrid, donde vivió y residió el pintor sus últimos años.
Esta exposición fue una bonita experiencia de una tarde que me hizo pensar en Sorolla, la belleza de sus cuadros, la experiencia de la realidad virtual, y sobre todo saber de Clotilde, y reflexionar sobre ese dicho que me enseñó mi madre y que dice “que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, algo muy cierto.



Hermosa experiencia vivida
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