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Los Sanfermines de toda la vida

 Como todos los años comienza el verano y comienzan los Sanfermines, fiesta muy propia de España y muy internacionalizada. Una fiesta hipnótica, en especial los encierros. No te cansas de ver a la gente correr, caerse, volver a levantarse o quedarse quieta en el suelo para protegerse, a esa lucha entre el hombre y el toro recorriendo unas calles para llegar a la plaza de toros donde el animal será lidiado. La tradición en mi casa era levantarse a las ocho de la mañana para ver todos y cada uno de los encierros en la retransmisión de la televisión española. No nos perdíamos nada, ni un solo encierro y lo seguimos haciendo. Cuando yo era pequeña mis padres me llevaron a Pamplona. No recuerdo nada de ese viaje porque apenas tenía un año, empezaba a dar mis primeros pasos. Creo que debí dar algunos pasos por la calle Estafeta o Mercaderes justo por donde corren los encierros, porque me contaron que me compraron unos zapatos de plástico de esos de toda la vida que usaban los niños y que aún se venden. Eran unos días previos al Chupinazo y a las fiestas porque estaban colocando el vallado. Mi madre recuerda que comimos allí y después nos marchamos a seguir nuestro viaje. Esos fueron mis recuerdos no vividos pero contados y que no es extraño que los recuerdes como si los hubieras vivido. Con esos recuerdos de la vida me quedaron ganas de saber muchas cosas sobre la fiesta de los Sanfermines y me puse a indagar sobre quién había sido San Fermín. El santo nació en la Pamplona romana del siglo III d. C. Era hijo de un senador romano y fue bautizado junto a su familia. Predicó la palabra por la Galia, lo que hoy es Francia y fue nombrado obispo de Amiens, ciudad de Francia. En esta ciudad bautizó a muchas personas, fue perseguido por ser cristiano, encarcelado y finalmente decapitado. Su cabeza fue llevada a Pamplona por un obispo. Desde la Edad Media es venerado en Amiens y en Pamplona, siendo un santo legendario que la historia no ha podido comprobar. Con el paso de los siglos se fue instaurando en el calendario su santoral el día 7 de julio. Curiosamente Pamplona tiene otro patrón llamado San Saturnino. Por orden de este santo fue bautizado San Fermín. Predicó en la Península Ibérica y en las Galias. También fue perseguido por ser cristiano y murió martirizado por las gentes que le obligaron a sacrificar un toro como ofrenda al dios romano Júpiter, en la ciudad de Tolouse (Francia) donde era obispo. Saturnino se opuso y fue atado a un toro que lo arrastró corriendo por las escalinatas del templo de Júpiter y murió. En la Edad Media, los francos pueblan Pamplona y se traslada la veneración de Saturnino como mártir en la ciudad de Pamplona. La tradición de San Saturnino es más próxima a la fiesta de los Sanfermines por contener el símbolo del toro presente en el martirio del santo. Puede ser que esta tradición se haya fusionado con la tradición de San Fermín y la figura del toro haya dado paso a los encierros donde se mide la fuerza del toro y el hombre en una lucha constante que dura muy poco tiempo, algo más de dos minutos, corriendo por las calles de la ciudad y que nos recuerdan a San Saturnino, o tal vez fue el mismo San Fermín, quién murió como un mártir arrastrado por un toro. Otro símbolo que tiene sus raíces en el martirio de San Fermín es el atuendo de los corredores. Lo podemos ver en su vestimenta al llevar anudado al cuello un pañuelo de color rojo. ¿Qué simboliza ese color? El color rojo simboliza la sangre derramada por San Fermín en su martirio al ser decapitado o quién sabe si arrastrado por un toro. La fiesta ha evolucionado con los siglos y ha incorporado elementos no religiosos. Sigue en constante cambio, más controlada, con más afluencia de gente, pero sus raices, sus símbolos, perviven en el tiempo y son y serán los Sanfermines de toda la vida. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! 
 


 

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