Esta historia que voy a contar es real y como dice mi madre “uno no sabe donde la tiene”. Veníamos caminando hace unos días ella y yo por la calle, por la acera junto a una arboleda de árboles plátanos o plataneros, cuando de pronto sentimos un estruendo, un gran crujido. No sabíamos de donde venía, cuando miramos hacia atrás, más o menos a un metro de distancia, vimos que había caído, justo a nuestras espaldas, una gran rama de uno de los plataneros. Nos asustamos mucho pensando que por una fracción de segundos no nos cayó encima a nosotras y a otras personas que venían en sentido contrario. Nuestros ángeles de la guarda nos protegieron de aquel incidente que nos hubiera causado alguna herida. Todo quedó en un susto, pero unos días después cayó una granizada, parecían piedras que chocaban contra las ventanas, menos mal que estaba en casa resguardada de las inclemencias del tiempo. A la mañana siguiente vimos desde nuestro balcón que se había caído abajo un árbol ornamental parecido a un naranjo, que florece en primavera con una flor muy olorosa parecida al azahar y es el hogar de los mirlos que cantan en mi balcón. De verdad me dio tristeza verlo totalmente caído, tantos años ese arbolito dando vida, al que yo veía desde mi balcón. Muchos niños jugaban a su alrededor. Cuando pasaban con sus madres y veían al àrbol en el suelo decían “Mare, ha caigut un arbre” (Madre, se ha caído un árbol). Al día siguiente los de la limpieza cortaron sus ramas y se lo llevaron. Aumentó mi tristeza por el árbol caído por la tempestad. Dejaron un pequeño tronco, no lo cortaron de raíz, tal vez con el deseo de que retoñe en primavera. Estos días atrás transcurrieron entre el susto y la tristeza. Este calor sofocante y estas tormentas tan raras de verano resienten a los pobres árboles que sufren estrés térmico igual que nosotros los humanos sufrimos los temidos golpes de calor. Escribiendo estas líneas recordé que hace algunos años había escrito algo sobre los tesoros arqueológicos de España. De cada uno de esos tesoros había mencionado alguna leyenda o historia relacionada. En este caso me acordé que había hablado del Templo Romano de Córdoba y su historia relacionada,que a su vez también enlaza con un elemento del relato anterior, y que versa así: En el Alcázar de los Reyes Cristianos en Córdoba se encuentra al final de las hermosas albercas de los jardines, una inscripción de gran tamaño en el muro que dice textualmente:
“EN TIERRAS TARTESAS HAY UNA CASA CELEBÉRRIMA ALLÁ DONDE LA CÓRDOBA VIENTA SE MIRA EN EL PLÁCIDO EN MEDIO Y ABARCANDO TODA LA MORADA SE ALZA EL PLÁTANO DE CÉSAR DE ESPESA CABELLERA QUE LA DIESTRA FELIZ DEL HUESPED INVICTO PLANTÓ COMENXANDO SU TRONCO A CRECER DESDE SU MANO, OH ARBOL DEL GRAN CÉSAR, OH AMADO DE LOS DIOSES NO TEMAS EL HIERRO NI EL FUEGO SACRÍLEGO. MARCIAL”.
Esta inscripción nos abre una interrogante ¿Cuál es el sentido de esta epigrafía? La historia nos ha dejado constancia de dos visitas de Julio César a Córdoba. Su primera visita, discreta y prolongada fue en el año 65 a.C. y llegó como cuestor, encargado de las finanzas del imperio y de los pagos al gobernador, los funcionarios y la milicia. Fue en este tiempo, según cuentan las crónicas, plantó un plátano (Platanus) que posteriormente mereció los honores de ser inmortalizado por Marcial en su epigrama XLV bajo el título de platano cordubensi. Cuando entra victorioso en Córdoba dos décadas mas tarde tras vencer a los pompeyanos, Julio César manda arrancar el árbol del suelo que fue fiel a sus enemigos. Además, arrasa la ciudad por ser el reducto que sirvió de refugio a sus mas enconados enemigos, los hijos de Pompeyo que le disputaban el poder. El plátano es un árbol longevo y existen diversas fuentes antiguas que relacionan esta especie de árbol con la guerra. Por todo ello la acción del César no fue algo original. Estaba influenciado por la historia antigua, casi mitológica, fue un acto simbólico realizado por una persona influyente, que se preparaba para asumir el mando del imperio. Fue un homenaje a un personaje que con el tiempo se convertiría en la persona más notable y con más poder de todo el mundo conocido. Desconocido el lugar exacto donde se plantó el plátano, el ayuntamiento cordobés decidió hace cuatro décadas, dedicarle un rincón en el Alcázar de los Reyes Cristianos. En sus jardines figura, junto a un plátano de nueva planta, en un muro de piedra, el epigrama de Marcial en su lengua original. En este homenaje en el que se combina literatura con botánica, y que pasa desapercibido, se instaló también en el fondo de un estanque un mosaico cuajado de peces, atravesado por canales. Cómo ven los árboles del plátano son milenarios. Su nombre proviene de la Vía de la Plata romana, la calzada romana que unía el sur con el norte de España. Para dar sombra a esta vía, los romanos sembraban los árboles del plátano a los lados para proteger del sol a los viajeros o a las tropas que transitaban esta importante calzada de la que aún se conservan restos. Los romanos nos legaron el plátano, que no tiene que ver en nada con el plátano con la fruta que consumimos, pero si con la Vía de la Plata romana. El árbol del plátano como símbolo relacionado con la guerra en la antigua Roma nos traslada a una historia de hace dos mil años en que los árboles, en este caso el plátano, estaban presentes en la vida cotidiana de sus gentes, de la misma manera en que ahora los vemos en calles y jardines ornamentando las ciudades. Es un árbol presente en la historia, debemos cuidarlos, obsevarlos, no sólo mirar el móvil cuando vamos por la calle, contemplarlos es una delicia, disfrutar de su sombra… en deficnitiva, saber que nos dan la vida con su oxígeno, y creo que a mi me dio doblemente la vida, con su preciado oxígeno y con su rama que cayó detrás de mi, y no me hizo nada malo.
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| Arbol Plátano de la calle que soltó su rama |
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| Arbol caído abajo de mi casa |
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| Arbol cortado abajo de mi casa |
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| Alcázar de Córdoba |




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