Cuando hablamos de pintura, de los pintores, de los museos, nos viene a la cabeza el Louvre de París, el Museo del Prado de Madrid o el Reina Sofía o el Thyssen también de Madrid, museos mundialmente conocidos. Igual pasa con los pintores, ¿Quien no ha oído hablar de Goya o de Picasso, Manet o Van Gogh?, pintores universales, pero… cuando hablamos del Museo de Bellas Artes de Valencia, o de los pintores Ribera, Ribalta, Juan de Juanes, Pinazo o incluso Sorolla, muy poca gente conoce de la existencia de estos pintores y mucho menos del museo de Bellas Artes valenciano, siendo éste segundo en importancia de España por ser una pinacoteca muy completa, y sus pintores valencianos podemos decir que son de la talla de un Picasso o un Goya.
Hago estas afirmaciones porque hace unos días visité la colección Lladró de cuadros de pintores valencianos que han sido donados al Museo de Bellas Artes de Valencia. Esta exposición llamada De la Oscuridad a la Luz, Cinco siglos de Arte (De la Foscor a la Llum, Cinc Segles d´Art), tenía su sede en el antiguo edificio de Correos, también llamado Palacio de Comunicaciones, un precioso edificio con una sala oval y una cúpula acristalada, una construcción monumental que simbolizaba la gran empresa que significó los correos y telégrafos de la ciudad.
Bajo ese centro de cristal estaban acomodados los cuadros de los pintores. Las obras estaban expuestas siguiendo un orden cronológico que va desde la Edad Media (s.XIV) hasta el siglo XX. El nombre de la exposición De la Oscuridad a la Luz ha tenido mucho que ver con la evolución de la pintura, de la oscuridad de la Edad Media al esplendor de la luz de los cuadros de Sorolla. También estas obras pasaron de estar en un almacén, guardados en la oscuridad, de la colección privada Lladró, a estar expuestas y recobrar su luz bajo la cúpula del edificio de correos para luego pasar a formar parte del grandioso Museo de Bellas Artes para ser de dominio público, es decir para ser contempladas por todos.
Una gran coincidencia de dos escenarios se unen en esta exposición: Los cien años de la apertura del Palacio de Comunicaciones, también conocido como Edificio de Correos y los cien años de la muerte del pintor Sorolla que se cumplen este año 2023. Dos acontecimientos que se aprovecharon para exponer la colección de 73 cuadros de pintores en su mayoría valencianos, entre ellos Sorolla, en la sede de lo que fue un edificio centenario dedicado a la labor del correo y el telegrafo, tan importantes para la humanidad.
Entre las pinturas que pude ver, sorteando a tanta gente presente que quería contemplar las obras, y que recuerdo porque me impresionaron, habían varias de interés. La Sagrada Familia de Juan de Juanes, pintor renacentista, del siglo XV, época de gran esplendor de Valencia en lo ecónomico y cultural. Un pintor que fue un genio en su época, que no salió de Valencia, pero que fue influenciado por la pintura italiana del Renacimiento. Esta sagrada familia fue pintada sobre otra, donde se había modificado al Niño, la Virgen y San José, en particular a San José, se le había colocado más barba siguiendo los cánones de la época, una costumbre de los pintores de pintar sobre lo ya pintado. Otro cuadro, el San Andrés de José Ribera, llamado “el Españoleto”, un pintor valenciano que había viajado a Italia para cultivarse. Llama la atención el realismo del santo, la perfección de sus manos, sus dedos, sus ojos, su mirada de éxtasis tan bien lograda, un cuadro impactante del considerado mejor pintor de España y de Europa en el siglo XVII. El cuadro de la Santa Cena de Ribalta, un pintor de principios del barroco, que sin ser valenciano vivió gran parte de su vida y murió allí. Una Santa Cena en la que pintó el Santo Cáliz de Valencia, dándole la importancia griálica a la copa en la que bebió Jesucristo.
Los cuadros de Benlliure y Sorolla, fueron pintados en la llamada Edad de Plata de la pintura valenciana (siglos XIX y XX). Un cuadro de Benlliure, que no le pude ver el nombre, muestra a las niñas en la Basílica o en la Catedral alrededor de la Virgen de los Desamparados, muy bien pintadas, siendo un cuadro pequeño, una obra preciosista y de gran nivel. De Sorolla me quedo con el cuadro de El Majo, que muestra la cara de un chico muy bien ataviado y el cuadro Yo soy el pan de la Vida, un cuadro de grandes dimensiones, que muestra a Jesús predicando en Tierra Santa, un cuadro lleno de luz y que llama la atención porque, con la técnica utilizada por el pintor, pareciera que uno de los personajes saliera del cuadro.
Observé en esta exposición que los pintores dejaban su sello valenciano en sus pinturas, tal es el caso de la Santa Cena del pintor Ribalta, que plasma el Santo Cáliz como una tradición griálica para decirnos que fue el cáliz que utilizó Jesús en su última cena con los apóstoles, y que hoy lo podemos admirar en la Catedral de Valencia. En el cuadro de Sorolla Yo soy el Pan de la Vida se puede ver que Jesús no predica en el Mar de Galilea en Tierra Santa sino que el escenario es la Albufera de Valencia y la barca de vela latina típica de los pescadores.
Al salir de ese magnifico Palacio de Comunicaciones convertido en museo de las extraordinarias obras de pintores valencianos, mi madre y yo nos fuimos a desayunar unas exquisitas porras con chocolate, y pensé que nos podíamos equiparar muy bien al Museo del Prado de Madrid, que debemos darle mayor visibilidad a nuestro Museo de Bellas Artes, que pareciera que está olvidado o minusvalorado. Aquellas porras que representan el desayuno típico madrileño lo unimos al pintor valenciano Ribera conocido como El Españoleto, y salió la expresión de que “aquellas eran las porras del Españoleto”, expresión que dijo mi madre al terminar aquella experiencia museística.
San Andrés, Ribera
Nombre desconocido, Benlliure
Palacio de Comunicaciones de Valencia


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