Ir al contenido principal

Ernesto Lecuona: Vivencias de un microconcierto

  Como dice mi madre es mejor asistir a un microconcierto que a un macroconcierto, y como tiene razón, allá que nos fuimos. Era un microconcierto dedicado a piezas musicales del compositor cubano Ernesto Lecuona, músico de renombre internacional en la primera mitad del siglo XX. Se presentaban un hombre y una mujer. El chico tocaba el saxofón y la chica tocaba magistralmente el piano , con su vestido rojo y un tocado en la cabeza típico de Cuba. Estábamos en el Ägora, espacio expositivo diseñado por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Solamente habían unos pocos asientos y la mayoría del público se sentaba en el suelo, cual ágora de la antigua Grecia, donde se escuchaba al filósofo o al político, en este caso a los músicos. Todo era reducido, tranquilo, en un ambiente apacible y, bajo aquella estructura del Ágora, que recuerda a una concha marina, se apreciaba su buena acústica. Mi tío, cuñado de mi madre, también llegó a tiempo, amantes los dos de la música cubana, porque se criaron rodeados de cubanos, dueños y trabajadores del central azucarero Matilde, con nombre de mujer, establecido en un pueblo de un país tropical allá por los años cincuenta, y se sintieron influenciados por la música cubana en el pueblo donde crecieron, un pueblo que tuvo vida propia gracias a ser receptor de inmigrantes. Entre muchas piezas que se tocaron las que se me quedaron en la mente y en el corazón fueron Siboney y María la O, ambas parte de zarzuelas, género lírico que el compositor desarrolló de manera brillante. También Malagueña, no la Malagueña que yo creía y que dice “Malagueña salerosa, besar tus labios quisiera”, canción muy conocida, sino Malagueña, pieza que es parte de una suite que dedicó el compositor a España y que Rabel, contemporáneo de Lecuona y que compartió estudios con él, llegó a decir que era mejor que su bolero, el famoso Bolero de Rabel. Otra de las piezas conmovedora por su belleza era Siempre en mi corazón, que fue el tema de la banda sonora de la película nominada al Oscar en Holl0ywood, pero no resultó ganadora, un tema que a mi manera de ver se parecía a los grandes temas musicales de las películas de Charles Chaplin. Otros temas allí interpretados fueron Y la negra bailaba y La Danza Negra, composiciones relacionadas con la música afrocubana que por primera vez un autor incorporaba a su repertorio en Cuba. También se habló de la clave, instrumento de percusión que marca un ritmo específico llamado clave, esa melodía tan característica de muchas canciones cubanas como acompañamiento y que mi tío supo interpretar rítmicamente chasqueando sus palmas, contestando a la pregunta que hizo el concertista a los asistentes para saber quienes sabían que era la clave. En este microconcierto me di cuenta quién había sido Lecuona, un compositor que supo unir música clásica con música cubana, creando zarzuelas, suites comparables a composiciones creadas por grandes autores del momento, siendo conocido y reconocido internacionalmente y llegando a ser creador de bandas sonoras de varias películas de Hollywood. Aquel microconcierto estuvo muy ameno, la música te transporta, es un regalo para los oidos y la música cubana es una de las mejores del mundo, siendo cautivadora por su melodía, su sabor, su color, y por ello ha traspasado fronteras. Reitero lo que decía mi madre que es mejor un microconcierto que un macroconcierto, al menos es más tranquilo y recogido, y escuchando la música de Lecuona no se puedepedir más.
 
                                Malagueña: https://youtu.be/F2ksNyyuViQ
                                   
                                Siempre en mi corazón:https://youtu.be/KJPVlukIwP4
 
                                     Danza Negra: https://youtu.be/SOBhL-pJifY
 
                        Y la negra bailaba: https://youtu.be/0OW-VUd6IUM

Comentarios

Entradas populares de este blog

Historias de Mujeres: Josefa Camejo, entre la libertad y el feminismo

  En mi memoria quedan los viajes a Coro, la ciudad más antigua de Venezuela. Allí quedaron sus casas coloniales y sus calles empedradas evocando otras épocas. Muy cerca de allí, los Médanos de Coro, un pequeño Desierto del Sahara, con dunas de arena, con viento, con ondulaciones. Y más al norte, si lo miramos en un mapa, sobre la larga costa caribeña venezolana, aparece una especie de cuello delgado con una especie de cabeza al imaginarlo de ese modo. Esa cabeza que sobresale es la llamada Península de Paraguaná y ese cuello es el Istmo de Paraguaná que une la costa con la península.   Recuerdo esos paisajes de Paraguaná semidesérticos, con cardones, cujíes y tunas, y esa carretera por donde transitaba con mi familia entre esos hermosos e interminables paisajes que no parecían ser de esta tierra. Daba la impresión que nunca ibas a llegar a tu destino que eran las playas de Adícora, pero al final llegabas para bañarte al caer la tarde en sus fabulosas aguas, con sus olas...

El Antipasto: un plato italiano reincorporado a la gastronomía venezolana

  El antipasto en una típica trattoria italiana                  Es una preparación que trajo a Venezuela la inmigración italiana a partir de la década de los cincuenta del siglo XX, cuando hubo una gran afluencia. Su origen es antiguo, se remonta a la época del Renacimiento. Se servía antes de las comidas en agasajos y banquetes. De la palabra antipasto o antipasti (previo a la comida), suele servirse en Europa como primer platillo o entrada. Tradicionalmente este plato tiene la intención de abrir el apetito de las personas.   La modalidad de antipasto que se consume en Venezuela con mayor frecuencia es con verduras encurtidas. También como entrada, algunos a base de atún y salsa de tomate, entre otros vegetales como zanahoria, cebolla, pimiento, apio, coliflor, etc. Todos los vegetales mencionados se preparan en salmuera o a la vinagreta. Suelen consumirse acompañados de galletas saladas o pan tostado.   En épocas r...

Dulce de Lechosa: el postre de la Navidad venezolana

  El dulce de lechosa o dulce de papaya es una preparación muy tradicional en Venezuela que se asocia con la Navidad. Los pueblos indígenas precolombinos del territorio venezolano ya consumían la lechosa. La cultivaban y probablemente la cocían y hacían preparaciones simples. Con la colonización española de Venezuela llega el azúcar de caña, que se producía posteriormente en ingenios azucareros por toda la zona caribeña y llegan también las técnicas de confitería españolas como la conserva de frutas en almíbar o cristalizadas. El encuentro de la lechosa con el azúcar dio origen a dulces hervidos en almíbar que se difundieron por todo el territorio. La elaboración del dulce de lechosa era común en casas coloniales, preparados por la servidumbre esclava afroamericana que aportó al dulce de lechosa el clavo y la canela, especias importadas.   En la Venezuela colonial, en conventos y casas criollas, preparaban dulces en almíbar como forma de preservarlas durante meses. La ...