Hace unos días tuvimos la poca difusión por los medios de una noticia de gran repercusión para España: El hallazgo arqueológico de los relieves de origen tartésico. Se descubrieron cinco rostros en relieve de lo que pudieron ser dioses y diosas, guerreros y guerreras o tal vez reyes y reinas de la civilización más antigua de España, una civilización que pobló las tierras del sur en la cuenca del Guadalquivir y en Extremadura hace 2500 años, anterior a la llegada de los romanos, una cultura que era agrícola, que construía ciudades, que cultivaba las tierras, que tenía ganado, que comerciaba con los fenicios y los griegos y que explotaba sus minas de oro, plata y bronce para elaborar joyas. Aún está por descubrirse muchos aspectos de la vida de los Tartessos, una civilización envuelta en leyendas y en enigmas. La leyenda de Hércules y sus 12 trabajos nos habla de Gerión, rey de Tartessos, un monstruo de tres cabezas, al que Hércules mató cumpliendo su cometido. También se cree que la Biblia menciona una ciudad llamada Tarsis y que podría tratarse de Tartessos. Por ejemplo, en el libro de Jeremías se hace mención de Tarsis: “ La enseñanza de los vanos ídolos es la de un trozo de madera, recubiertos están con la plata de Tarsis y el oro de Ofir”, sabiéndose que en el primer milenio antes de Cristo, el sur de España poseía más cantidad de plata que otras regiones del Mediterráneo y del mundo conocido. También hay autores que creen que Tartessos se trataba de la desaparecida Atlántida. Las fuentes griegas nos aportan datos históricos de la existencia de un rey llamado Argantonio que promovió la agricultura, el comercio y la extracción de metales. Este nuevo hallazgo arqueológico de cinco rostros en la provincia de Badajoz es de gran envergadura porque nos permite ponerle cara a la civilización mas antigua de España, saber como eran sus hombres y mujeres, como era su nariz, sus ojos, sus labios, saber que atuendos llevaban, las joyas que se ponían, esos rodetes en las orejas que nos recuerdan un poco a la Dama de Elche y a la Dama de Guardamar. Es un hallazgo de suma importancia para España y para el mundo, pero parece que no le hemos prestado la atención que se merece. Deberíamos aprender algo de los franceses, el respeto y la admiración por su cultura.
En mi memoria quedan los viajes a Coro, la ciudad más antigua de Venezuela. Allí quedaron sus casas coloniales y sus calles empedradas evocando otras épocas. Muy cerca de allí, los Médanos de Coro, un pequeño Desierto del Sahara, con dunas de arena, con viento, con ondulaciones. Y más al norte, si lo miramos en un mapa, sobre la larga costa caribeña venezolana, aparece una especie de cuello delgado con una especie de cabeza al imaginarlo de ese modo. Esa cabeza que sobresale es la llamada Península de Paraguaná y ese cuello es el Istmo de Paraguaná que une la costa con la península. Recuerdo esos paisajes de Paraguaná semidesérticos, con cardones, cujíes y tunas, y esa carretera por donde transitaba con mi familia entre esos hermosos e interminables paisajes que no parecían ser de esta tierra. Daba la impresión que nunca ibas a llegar a tu destino que eran las playas de Adícora, pero al final llegabas para bañarte al caer la tarde en sus fabulosas aguas, con sus olas...

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