En el Museo Arqueológico de Madrid hace unos años contemplé a la Dama de Elche, la escultura íbera más impresionante por la perfección de sus rasgos, pero admirando otras piezas iberas me percaté de que había otra dama ibera de gran tamaño y que al observarla me pareció como si estuviera viendo la imagen de una virgen. También pude darme cuenta que en la parte de atrás le salían una especie de alas que hacían recordar a un angel. Se trataba de la Dama de Baza. Me resultaba conocido su nombre, pero no sabía prácticamente nada, ni cómo era, ni siquiera sabía donde la habían encontrado.
Hace unos meses recibí la visita de un chico y su madre. Ellos eran parientes de mis queridos primos que viven en mi ciudad. Este muchacho y su madre venían de Baza. Entablando una conversación, me vino a la cabeza la dama de Baza que había visto años atrás y le dije que lo único que sabía de Baza era que allí se había hallado una dama ibera. Me pareció algo peculiar conseguir a unas personas que vinieran de Baza, donde coincidentemente vivió o se rindió culto a esta dama milenaria. No es muy común conocer a alguien de Baza, una ciudad de Granada, no muy elegida para visitar en el mapa peninsular. Pareciera nuevamente que las casualidades me persiguen para conectarme con las misteriosas damas antiguas, y esta vez con la Dama de Baza, no menos enigmática y significativa que la Dama de Elche.
La Dama de Baza fue hallada por los arqueólogos en 1971, otra vez nos encontramos un 7 en el año de su hallazgo. Se encontró en una cámara funeraria con su ajuar. Se trata de una dama de cuerpo entero sentada en un trono alado, ataviada con una cofia, velo, collares y unos pendientes grandes y llamativos en forma de cubo que penden de sus orejas. Debajo de un brazo se encuentra una oquedad donde fueron depositados los restos de la dama que han sido analizados y corresponden a una mujer de unos 20 años. En una de sus manos lleva un pichón de paloma que representa su viaje al más allá, igual que las alas que salen del trono donde está sentada y que también representan ese viaje a esa otra vida, todo un simbolismo que nos lleva a pensar que tal vez fue una mujer divinizada. También se ha pensado que podría ser una mujer guerrera, ya que se han hallado en su ajuar funerario, además de cerámica, espadas iberas llamadas falcatas.
Nuevamente estamos ante una dama enigmática, única, que no sabemos si era una guerrera, una mujer de la nobleza o una sacerdotisa. Llama la atención sus grandes pendientes cúbicos que no se han encontrado en otras esculturas iberas y resalta sus restos de policromía, saber que estuvo pintada con intensos colores.
Como hecho impactante puedo señalar lo acontecido tras el hallazgo, las gentes de Baza se arrodillaban ante la imagen como si aquella dama fuera una virgen y hasta se quiso llevar a la iglesia junto a la patrona de la ciudad para que se le rindiera culto.
No deja de extrañarme la actitud de las gentes de Baza ante la dama al creerla una virgen, es que en realidad lo parece. Al menos esa fue mi impresión cuando la vi en el Museo de Madrid como la dama ibera más espiritual.

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