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La Bicha de Balazote

 La Bicha de Balazote es otro exponente del arte ibero que podemos ver en el Museo Arqueológico de Madrid. En mi visita al museo no la ví, ni siquiera sabía de su existencia. La pude ver como réplica en el museo del misterio organizado por el equipo del programa Cuarto Milenio, un programa de televisión que te transporta a la España mágica. Pareciera que este nombre de la Bicha suena extraño, hasta puede dar un poco de risa, pero en realidad se trata de una de las esculturas más representativas y enigmáticas del arte ibero. La Bicha de Balazote se encontró en un yacimiento cercano a la ciudad de Albacete a finales del siglo XIX. ¿Me pregunto porqué le dieron el nombre de la bicha? Este nombre derivó de biche en bicha, porque los arqueólogos franceses que estudiaron la pieza creyeron que se trataba de una cierva, que en francés se escribe biche, luego se castellanizó en bicha y hasta nuestros días se le conoce con ese nombre. La escultura ibera de 2500 años de antigüedad, corresponde a una esfinge antropomorfa, es decir mitad animal, mitad hombre. Los arqueólogos españoles se dieron cuenta que no era una cierva, tal como afirmaban los franceses sino que simbolizaba a un toro con cabeza humana. El toro está sentado y su cabeza corresponde a la cara de un hombre con los ojos muy abiertos, nariz, pómulos pronunciados, una boca pequeña, barba , cabello, orejas de toro y unas protuberancias que corresponden al nacimiento de los cuernos que tal vez perdió a lo largo de los siglos o quizás fue una escultura inacabada. Este tipo de esfinge se pudo esculpir a modo de animal protector que se colocaba alrededor de las tumbas o podía ser una deidad a la que se adoraba en los templos. El arqueólogo español llegó a afirmar que “esta escultura es hija de helenos, nieta de fenicios y biznieta de mesopotámicos”, con mucha razón porque tiene una gran influencia de estas civilizaciones mediterráneas en lo que a arte escultórico se refiere, pero con características propias iberas, y ahora nos preguntamos ¿Quiénes y porqué se esculpían toros? La respuesta es que los toros en la civilización griega eran divinidades que simbolizaban a los ríos y en general al agua que fecunda los campos para la agricultura. No sabemos con exactitud que nos quería expresar esa cara, esos ojos que me da la impresión que son de asombro, pero ¿ante qué? También se puede interpretar que es una mirada burlona, tal vez para espantar lo maligno y proteger al difunto en su viaje al más allá que sería su función al custodiar la tumba de un hombre o una mujer. Tal vez esta cara está conmovida ante los ciclos de sequía y lluvia que siempre han existido en la climatología de la península ibérica. No es de extrañar que los íberos tuvieran una cultura del agua, que ahora está dejando en evidencia la arqueología con los hallazgos de pozos, cisternas y canales utilizados para la agricultura, además de representaciones de cerámicas con pinturas de insectos acuáticos y peces, que nos indican la gran importancia que tuvo el agua para la civilización ibera. La cara enigmática de la Bicha de Balazote pone de manifiesto a mi entender, la representación, con su influencia griega, de la divinidad del agua, de los ríos y de las lluvias, que fertilizan las tierras para ser sembradas. Ese respeto y esa importancia que le daban los iberos al agua, es lo que seguramente nos quería decir con su expresión la esfinge tallada. Nos quería recordar la necesidad de cuidar nuestros ríos, nuestros acuíferoa, por ello sale a la luz de la mano de los arqueólogos, no como de la que se creía que era una cierva, de la cual deriva su nombre, sino como un toro divinizado que nos mira con sus ojos bien abiertos, nos avisa y nos da un toque de atención de cómo estamos gestionando el agua y como debemos gestionarla para las futuras generaciones. 
 

 

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