Como todos los abriles de cada año se recuerda el fatídico hundimiento del Titanic, un barco que según la leyenda era insumergible. Desde que yo era pequeña escuché hablar de este barco por boca de mi padre y de mi madre. Ella me contaba que su familia siempre tuvo conocimiento de este hecho y se hablaba de lo sucedido. Pienso que no solo en mi familia sino en muchos hogares del planeta se tuvo presente recordar lo que allí pasó, y ¿Porqué fue de interés general?, tal vez porque en ese transatlántico íbamos todos: ricos, pobres, artistas, empresarios, inmigrantes… Todo tipo de gente viajaba porque quería atrapas sus sueños al otro lado del Atlántico. Mi primer contacto con la historia del Titánic lo tuve en mi infancia debido a que mi madre me ponía la película La Violetera en una cinta de betamax los días que no iba al colegio por estar muy resfriada. La violetera, una gran artista consagrada, fue una sobreviviente del Titanic que perdió la voz. Una historia ficticia que podía haber sido real. Ya en mi juventud tuve la ocasión de ver con mis padres, mi hermano y un primo que vino del otro lado del charco la superproducción Titanic de 1997 que ganó tantos y tantos oscares porque ha sido una de las mejores películas de los últimos tiempos. Fue tan universalmente famosa, que hizo a mi madre recordar la película en un crucero por el Mediterráneo. Recuerdo que a todos nos llamaron para hacer el simulacro para colocarnos los chalecos salvavidas. Todos nos pusimos aquellos chalecos para no ahogarnos en un hipotético hundimiento. Al finalizar la experiencia mi madre no se podía desabrochar los amarres del chaleco. Pidió ayuda a unos chicos que pasaban por allí y les dijo en tono jocoso “ si no me ayudan tendré que llamar a Leonardo DiCaprio”. Me acuerdo que todos reímos mucho y nos divertimos con las ocurrencias de mi mamá, pero lo mejor es que sabíamos que DiCaprio era el protagonista de aquella sensacional película que nos mostró de una forma tan real lo que pasó esa oscura noche del mes de abril de 1912. Si me preguntaran con que tipo de personas me sentiría identifica de aquellas que viajaban a bordo del Titanic, y no solo yo sino también mi familia, huebiese contestado que con los inmigrantes. Es así porque está en mi memoria que mis padres fueron inmigrantes, que viajaron en barcos similares, con cubiertas y chimenea, aunque más pequeños. Visitando una exposición que recreaba a escala el interior del Titanic, mi madre pudo observar que los camarotes tenían dos camas y en el medio un pequeño lavabo que era exactamente igual al camarote del barco en el que ella viajó como inmigrante. Es sorprendente como la historia del Titanic quedó marcada en el inconsciente de tanta gente, nunca se olvidó y quedó inmortalizada en películas que todos pudimos ver en los cines de nuestra vida.

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