Las Fallas 2022 Ya ha empezado la primavera. Estas Fallas han sido las de un nuevo renacer de unas fiestas que pararon su marcha durante dos años por culpa de la pandemia que nos afectó a todos por igual. Hace precisamente dos años estaba ingresada en la UCI del hospital. Recuerdo que la mujer que entraba a limpiar la habitación me comentaba que era muy triste que no se celebraran las Fallas . “Es muy triste”, decía con la cara descompuesta. Y era verdad, fueron dos años de tristeza y de incertidumbre, pero también de esperanza y que este año se pudo celebrar la gran fiesta de Valencia casi sin restricciones, fue un gran logro del pueblo valenciano. Yo no pude celebrarlas como en años anteriores en que mi madre y yo, a veces solas, a veces acompañadas por familiares o amigos, nos dábamos esas caminatas por las calles de Valencia viendo los monumentos principales, comiendo buñuelos en los sitios donde mejor los hacían o escuchando alguna mascletá en la plaza del Ayuntamiento, mirando los castillos en el río o contemplando el majestuoso manto de flores de la Virgen de los Desamparados. Por las limitaciones de salud y por las inclemencias del tiempo que se antojaba lluvioso, frío y ventoso nos quedamos a verlas en casa por televisión. Pero pese a eso, algo vimos con la familia, algunos ninots del barrio que se tambaleaban por la fuerza del viento, pero nunca caían y también comimos los buñuelos, unos parecidos a los de Tonica, la buñolera del pueblo que en paz descanse, que la prima María José compró un sábado en el horno del pueblo para compartir en familia, y comimos también los preparados con mucho amor por la tía Pili y el tío Antonio, para merendar el día de San José. Viendo la Cremá por la televisión junto a mi madre, en un canal local valenciano, un famoso comunicador que narraba lo que acontecía, citaba a Víctor Hugo, que llamaba a Valencia “ la de las mil torres” y a Machado que llamaba a la ciudad “la de las finas torres y las suaves noches”, mientras en la imagen televisiva veíamos a la guapa fallera mayor de Valencia soltando una lagrimita al ver quemar su falla. En ese instante, las dos soltamos nuestras lagrimitas igual que la joven fallera, al escuchar esas hermosas citas de dos poetas universales que conocieron Valencia. Se me vino a la cabeza que es cierto que Valencia tiene muchísimas torres y que pareciera que al final de cada calle hay una torre, igual que al final de cada calle hay una falla. Si viviera Victor Hugo hablaría ya no ya de las mil torres sino de las mil fallas. Doy gracias a que he podido ver las fallas del renacimiento un año más con vida y junto al amor de mi madre. No vi mucho, es cierto, pero escuché los petardos acompasados de la despertá, sentí el sabor de la calabaza de los buñuelos y gracias a la magia de la televisión no vi nada y lo vi todo, o mejor dicho percibí todo con las imágenes de un drone, lo que hoy se da en llamar el metaverso de las Fallas.
Cito a continuación el poema Canción de Antonio Machado:
Ya va subiendo la luna
Sobre el naranjal
Luce Venus como una
Pajarita de cristal
Ambar y berilo
Tras de la sierra lejana,
El cielo, y de porcelana
Morada en el mar tranquilo
Ya es la noche en el jardín
¡El agua en sus atanores!
Y solo huele a jazmín,
Ruiseñor de los olores
¡Cómo parece dormida
La guerra, de mar a mar
Mientras Valencia florida
Se bebe el Guadalaviar!
Valencia de finas torres
Y suaves noches ¿estaré contigo,
Cuando mirarte no pueda,
Donde crece la arena del campo
Y se aleja la mar de violeta?
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